El imperio inka

de las incursiones incaicas hacia los valles occidentales, así como el momento en que lo hicieron y sus consecuencias, no pueden ser completamente entendidos si no aumentamos nuestra comprensión y entendimiento de la composición sociopolítica y las dinámicas regionales del periodo Intermedio Tardío, así como sobre la gestión de sus recursos. Frances Hayashida (capítulo 20), prominente arqueóloga en la Universidad de Nuevo México que examina desde hace mucho la naturaleza y extensión de la «incanización» de la costa norte del Perú junto con Natalia Guzmán, arqueóloga peruana que trabaja en el Ministerio de Cultura del Perú, abordan la poco estudiada y valorada cuestión de cómo reconocer el dominio incaico en una región. Consideran que depender de la presencia del fácilmente reconocible y uniforme «estilo alto imperial» (también conocido como estilo imperial cuzqueño) en distintos medios de expresión (incluyendo la arquitectura) dificulta reconocer la verdadera extensión y naturaleza de los efectos del dominio incaico y de su interacción con las poblaciones locales. El problema que plantean (ver también Julien, 1993) es en realidad generalizado. El estudio clásico de Menzel (1976) muestra cómo la naturaleza de las relaciones sociales y políticas entre las poblaciones locales y los incas puede entenderse a través del análisis extremadamente detallado del estilo de las cerámicas. Hayashida y Guzmán, sin embargo, argumentan que, por lo menos en la costa norte y tal vez en muchas otras zonas, desentrañar estas relaciones a través del análisis de cerámicas puede resultar más difícil. Revisando los casos de estudio vinculados a la producción de artesanías en el Imperio incaico, lo que incluye la investigación de Hayashida sobre la producción de cerámicas en La Viña, el centro regional incaico en la ladera norte del valle de la Leche, nos recuerdan que «a pesar de las diferencias entre sus contextos productivos, los artesanos tenían permiso de, y eran incluso motivados a mantener sus técnicas y estilos tradicionales, a la vez que, simultáneamente, fabricaban productos que claramente simbolizaban la presencia y estética de los incas». Esta fue una práctica extendida y que fue registrada en los periodos precedentes en la misma región; por ejemplo, después de la conquista por el Imperio chimú, ca. 1375 d.C., los ceramistas del Sicán Tardío produjeron vasijas de estilo chimú además de aquellas en su estilo tradicional y de híbridos Sicán-Chimú (Tschauner, 2008). Incluso antes, los ceramistas de etnia Moche producían en un mismo taller vasijas de estilo Sicán Medio, aquellas en su estilo tradicional e híbridos (Shimada & Wagner, 2007). Hayashida y Guzmán ofrecen 38

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