incaica no buscaba, ni siquiera remotamente, proyectar una imagen terrorífica del Estado. No vemos las espantosas divinidades con colmillos que alguna vez colmaron las esculturas y textiles del antiguo Perú. Tampoco imágenes de guerreros derrotados. Incluso los sacrificios humanos de sus hijos más hermosos eran plasmados de una forma que sugería una imagen de eterno reposo y les entregaban regalos de textiles, aquillas y queros para que celebraran con los dioses. No hay salvajes desarticulaciones del cuerpo a través de espantosos desmembramientos como los practicados por aztecas y europeos. Su objetivo, en realidad, parece haber sido usar la agencia con que dotaban a los objetos e imágenes que creaban para animar aún más el mundo del Tahuantinsuyo. Simultáneamente, construían sobre patrones sociales y religiosos existentes. Que esta animación cósmica coincidió con el poder político y control social está fuera de toda duda; no se trató, sin embargo, de una manipulación cínica a través de la imagen, algo que conocemos muy bien en el mundo moderno. Era un deseo de orden cósmico y de su expresión: un logro que, sin duda, representó también un beneficio material para los incas en Cuzco. CONSIDERACIONES FUTURAS El estudio del arte y arquitectura de los incas todavía se encuentra en sus comienzos. Existen estudios de algunos medios, conceptos, formas y objetos, pero no una investigación integral. En este sentido, aunque contamos con estudios recientes de los quipus (Urton), la metalurgia (Lechtman), la arquitectura (Protzen y Nair), los textiles (Phipps, A. Rowe), el trabajo en piedra (Dean, Ogburn) y las cerámicas (distintos autores), estos todavía no han logrado dialogar entre sí para vislumbrar cómo es que los incas entendían la relación entre estas formas y medios. El estudio, en cambio, ha avanzado siguiendo las divisiones epistemológicas e intereses de Occidente, que son principalmente académicas y disciplinarias. Por ejemplo, en el libro de 1999 Los incas: arte y símbolos dividían los capítulos en distintos temas y disciplinas, sin que estos interactuaran entre sí. Se necesita una mayor imaginación, combinada con un enfoque más interdisciplinario, para dejar lo literal y las extrapolaciones de lo literal atrás. Rowe (1967), por ejemplo, tomó el nombre de la unión de los dos ríos en Cuzco, puma chupan, y lo tradujo de forma literal como «cola del puma». Desde ese punto, imaginó que todo Cuzco está construido siguiendo la silueta de un puma. Se necesita un 372
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