Se dice que los incas llevaron y guardaron en Cuzco las huacas portátiles de los pueblos que incorporaban al imperio (Garcilaso de la Vega, 1609; ver capítulo 21 por Schjellerup). Las cosas más sagradas en los Andes, sin embargo, no eran pequeñas imágenes devocionales, sino lugares inamovibles que formaban parte del paisaje. Un ejemplo es el santuario alto andino de Pariacaca, la huaca principal, al este de Pachacamac62. Un mapa de la década de 1580 muestra a la montaña más alta de la zona con un «ídolo» amorfo de Pariacaca en la cima (fig. 10.37). Este continuaba siendo adorado cincuenta años después de la conquista y está marcado como un ídolo que uno pasa en el camino hacia el Cuzco. El Pariacaca, en realidad, era considerado la montaña sagrada más importante de los Andes centrales y su adoración estaba relacionada con la de Pachacamac en la costa. Juntos, conformaban los apus reinantes (dioses) de los Andes centrales antes de la dominación inca, y continuaron siéndolo después de esta también. Sabemos todo esto porque El manuscrito Huarochirí (anónimo, 1991), único registro en quechua de los mitos, proviene de la zona de Pariacaca y 370
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