El imperio inka

edificio presente durante un evento específico permitía que uno pudiese hablar como si hubiera sido testigo presencial de dichos eventos míticos y ancestrales. En otras palabras, la presencia material de estas cosas tenía la capacidad (agencia) de cambiar la condición del conocimiento, permitiendo expresar lo que uno sabía de oídas como si se tratase de un conocimiento absoluto adquirido a través de la experiencia. Los incas comprendían, por ello, el valor de los lugares y personas que conquistaban y sometían a su poder y autoridad. No solo construyeron nuevos centros, como Huánuco Pampa y Tarma, sino que se incorporaron a importantes sitios ceremoniales que ya existían antes de su llegada. Es decir, no tenían la costumbre de destruir los sitios religiosos asimilados al imperio para construir sobre ellos, pues se trataba de sitios de veneración llenos del conocimiento de ancestros y sus deidades. En este sentido, visitaban importantes oráculos como Chavín de Huántar y Tiwanaku, o construían, en cualquier caso, sus propios templos al lado. Esto hicieron, por ejemplo, con el Templo del Sol en Pachacamac, importante sitio de peregrinación que construyeron cerca del templo preincaico principal y no sobre este. No buscaban proyectar su dominio supremo sobre el sitio sagrado o sobre la deidad de Pachacamac (conocida como Ychsma en tiempos preincaicos). Lo mismo hicieron en Ingapirca, en el sur de Ecuador, donde construyeron un templo al Sol de forma ovalada justo al norte de los templos Cañari (fig. 10.36). Los dos complejos existen hoy lado a lado, a pesar de que los Cañari fueron uno de los enemigos más feroces de los incas. 369

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