El imperio inka

La vida social de una cosa andina comienza con el acto creativo, como lo hace también con el ser humano y aparentemente con todo lo demás. En este sentido, el objeto puede ser un intermediario entre relaciones sociales, tal vez participando como igual en la formulación de dichas relaciones. Esto no significa que todos los objetos tengan el mismo efecto o valor social y estético. Algunas cosas son más importantes que otras. La tela cumpi (tapices tejidos) era una de esas cosas, como también lo eran las aquillas y los queros. Aquillas, queros y telas cumpi, por ejemplo, eran los primeros regalos que los incas ofrecían a los curacas de una comunidad para expresar su deseo de incorporarla pacíficamente a la Pax Inca del Tahuantinsuyo (Cummins, 2002). En el caso de los que aceptaron los regalos de los incas e hicieron la paz con ellos, las vasijas y túnicas (uncus hechos de lana de vicuña y alpaca) se convirtieron en testigos del acuerdo y eran por ello conservadas en las comunidades locales, reverenciadas como reliquias sagradas, pues habían tocado la mano del Sapa Inca, hijo de Inti, el dios Sol. Estos importantes regalos, que continuaron siendo entregados en rituales estatales y fueron conservados en diversas comunidades no relacionadas, generaron que la presencia material y sagrada de los incas en el territorio andino alcanzara una importante uniformidad. Más aún, los incas exigían que sus principales rituales calendarios se realizaran simultáneamente en todo el Tahuantinsuyo y que los uncus (cumpi ) y las vasijas (aquillas/queros) fueran utilizados en los festines ceremoniales que, como describimos antes, se realizaban en Cuzco. Albornoz (ca. 1582, p. 19), de hecho, afirma que dichos rituales continuaron durante el periodo colonial, cuando los logros militares de los incas se recordaban a través de canciones y se exhibían las túnicas cumpi de diseño a cuadros y utilizaban los queros para ofrecer brindis recíprocos. Albornoz ordenó la quema de estas cosas, pues las consideraba una suerte de ayuda memoria que no solo rememoraba los acontecimientos históricos, sino también la divinidad del inca. Estos uncus y vasijas (aquillas/queros) eran también ofrecidos como regalo por los incas a los curacas que aceptaban formar parte del Tahuantinsuyo, y servían también como una suerte de ayuda memoria. Los valiosos objetos luego pasaban a formar parte de la exhibición ritual y política posterior a su muerte. Esto es, no solo los utilizaban para fines rituales durante su tiempo de vida, sino que en ciertas regiones del Tahuantinsuyo eran incorporados a las estructuras funerarias para representar la nueva afiliación con el inca. Estas estructuras, llamadas 355

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