La capacidad generativa del camay no está restringida, sin embargo, a las deidades andinas como Pachacamac, adorado en el complejo sagrado de peregrinaje donde los incas construyeron su propio templo del Sol y llenaron la plaza con la misma arena blanca con que llenaron la plaza de Cuzco. Manifestaciones menos terrenales, como las huacas locales, podían animar entidades más pequeñas como piedras abandonadas o colocadas en el medio del campo. Gracias a las habilidades especiales que poseían, los maestros artesanos del Tahuantinsuyo fueron asociados con la capacidad de dotar a los objetos que producían de esta esencia del ser. Títulos como cumpicamayoc, querocamayoc, khipucamyoc, utilizados en todo el Tahuantinsuyo para referirse a los maestros tejedores, carpinteros y encargados de los quipus, respectivamente, utilizan el término camayoc. Traducible como especialista, camayoc literalmente significa «poseedor de una fuerza o energía específica (camay)». EL PASADO HECHO PRESENTE: ESTILO Y FORMA EN EL ARTE INCAICO La relación entre artesano y objeto que se sugiere en títulos como cumpicamayoc y querocamayoc puede haber implicado más que el conocimiento o capacidad de producir de manera física un objeto cultural. También puede haber sido entendida como el acto de otorgar a dicho objeto sus propiedades esenciales. El concepto incaico de objeto, su ontología, trasciende su función utilitaria. Cada objeto corrobora el camay en una forma material y visual57, y es traído al ser y existe con todos los demás, participando fenomenológicamente en los eventos del mundo. El objeto es con frecuencia el único participante material de lo que de otra manera no podría ser experimentado directamente a través de la vista. Por ejemplo, una vasija es reverenciada y conservada en cuanto el inca o una deidad bebieron de ella. La vasija, en este sentido, es una manifestación tangible del intercambio, que puede ser replicado a través del uso del objeto. Otros objetos, incluyendo los cuerpos de los muertos, fueron conservados en las comunidades andinas no como heredades, sino como participantes y, por lo tanto, «testigos» de eventos pasados. Su existencia potencialmente permitía a un orador narrar el pasado como algo que conoce de primera mano. De igual manera, el cuerpo de un ancestro podía transmitir la voluntad y decisión de los muertos a través de la voz de uno de sus descendientes vivos. 354
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