imaginarios (término quechua para línea o raya; ver capítulo 8 por Earls y Cervantes para más detalles) que irradiaban desde el Coricancha sintiendo que uno viajaba en caminos rectos incluso en cuanto uno estos eran evidentemente serpenteantes. La experiencia fenomenológica dio paso a las construcciones mentales de un mundo rígidamente ordenado. Es por ello que resulta importante enfatizar que la expresión inca está imbuida de lo sagrado, una sacralidad que triunfa sobre la acción experiencial. El acto de fabricar objetos finos, como veremos a continuación, fue decididamente tanto un acto sagrado como una representación artesanal. MATERIALES Y MANUFACTURA: MATERIALIZACIÓN RITUAL DE LA ESTÉTICA INCA ¿Cómo se manifestaba lo sagrado de los incas en lo material? Regresemos primero a la plaza de Cuzco, donde comenzaban los rituales incaicos más importantes y donde los incas festejaban todos los días al Sol, ofreciendo un brindis a su deidad y, luego, entre ellos. Después de excavar la tierra y rellenar lo excavado con arena blanca fina, la plaza donde los incas realizaban sus banquetes era transformada física y materialmente para convertirse en un espacio puro y sagrado. No existe evidencia arqueológica de esta transformación, ya que, en 1558, Polo de Ondegardo, gobernador de la ciudad de Cusco, ordenó que la arena que llenaba la Plaza Mayor fuese retirada y utilizada para construir los cimientos de la nueva catedral (Cummins, 1996). Podemos estar seguros de la precisión de lo escrito por Polo de Ondegardo, pues algo similar ha sido registrado arqueológicamente en el importante centro religioso panandino de Pachacamac, en la costa justo al sur de Lima. Allí, la extensa Plaza de los Peregrinos en la base del Templo del Sol, construida posteriormente por los incas, también fue rellenada con fina arena blanca (Shimada y otros, 2005)49. En todos los centros que construyeron en el Tahuantinsuyo, la plaza era un lugar sagrado para las celebraciones rituales de los incas. Algunas eran especialmente amplias, como Huánuco Pampa (ver capítulo 20 por Hayashida y Guzmán sobre las plazas de los centros costeros incaicos). La plaza del Cuzco, sin embargo, fue la más importante, y, como relata Ondegardo, continuó siendo reverenciada hasta el primer periodo colonial: […] por sus opiniones sintieron los indios en extremo y no lo pagaron mal si lo pusiéramos en precio el dejar la plaza como se estaba, que después que lo entendí, 336
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