El imperio inka

Mandaba […] que los indios que eran orfebres debían ser eximidos de dar tribute y que no debían hacer ninguna otra cosa que no sea hacer las vasijas para su servicio o para quien mandara (Castro & Morejón, 1936, p. 135, traducción propia). La mayoría de cronistas afirma que el Sapa Inca tenía el dominio sobre el oro y la plata, pero independientemente de si esta afirmación es correcta o no, lo que queda claro es que las vasijas tenían un gran valor figurativo en la estética incaica. Y, como veremos, estas vasijas ocupaban un lugar muy importante en las dinámicas de intercambio ritual religioso y social de los incas, por lo que no deberíamos pensar en ellas como si se tratase de un simple y mundano objeto utilitario (Cummins, 2002). Artistas y artesanos fueron puestos a trabajar en todo el Tahuantinsuyo para hacer objetos hermosos, ya sea vasijas o figurines de oro y plata, telas finas, cerámicas de alta calidad o exquisitos trabajos en mampostería. La producción y distribución de estas cosas señalaba el orden político y social ofrecido por la Pax Inca. Los inmensos muros, tan finamente construidos, parecen ser casi una forma materializada del inmenso trabajo que este sistema era capaz de reclutar. Sería incorrecto, sin embargo, ver la producción artística de los incas simplemente como los obstinados términos materiales de un Estado político. El orden que los incas ofrecían también era metafísico, un orden que no era todo cíclico. Se trataba de un orden metafísico encarnado en los objetos, imágenes, arquitectura y rituales. Los objetos que producían eran entregados como regalos a las deidades, así como entre ellos para consagrar relaciones favorables de forma vinculante. Como veremos, las relaciones y su expresión representaban una preocupación central en el arte y arquitectura de los incas, en parte porque estas formas también ayudaban a estructurar cómo uno se conducía como parte integrada de una existencia social y metafísica. ESPACIO, OBJETOS Y RITUAL Ninguna persona andina vivía sola. No solo vivía en un mundo conceptual de binarios, líneas rectas, cuadrados, rectángulos y círculos que se repetían, combinaban y vivían dentro de sí mismos (pensemos en Moray, discutido el capítulo 8 por Earls y Cervantes), sino que cada runa (persona) los representaba tanto como práctica diaria como en rituales. Estos ideales conceptuales tienen una larga historia en los Andes; los incas, sin embargo, los usaron para crear una cultura visual que los 333

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