El imperio inka

guerras. Los incas, por supuesto, eran capaces de hacer todo esto pues reclutaban la enorme mano de obra que existían en los Andes, lo que también significaba que tenían acceso a una importante fuerza de talento artístico (ver capítulo 7 por D’Altroy). Esta incluía tejedores, talladores de madera, mamposteros, ceramistas y muchos otros artesanos. Existen, evidentemente, estilos regionales, una inflexión local de lo que uno podría llamar el estilo incaico «puro»; lo que resulta significativo, sin embargo, es que artesanos de todos los Andes fueron influenciados de una manera u otra por lo que vieron, reproduciéndolo en muchos casos con precisión. El hilado puede haber sido el medio de expresión andino más importante, pero los orfebres y objetos de oro y plata también recibieron gran cobertura en las crónicas. Esta diferencia probablemente se debe al interés que los españoles tenían sobre el oro y la plata. Los autores españoles mencionan que los orfebres andinos crearon diversos objetos para el inca, incluyendo pequeñas estatuas de oro y plata que se enterraban con los niños sacrificados de los rituales de la capacocha (ofrendas sacrificiales extremadamente sagradas), las que constituyen la inmensa mayoría de objetos incaicos hechos con metales preciosos que sobreviven hasta hoy (ver figura 11.6 en este libro). Son figurinas bastante sencillas, ya sea fundidas o martilladas, y que nos dan la idea de los tipos de imágenes en tamaño real que había en el legendario jardín del Coricancha. Se dice que todas las especies de animales, plantas y personas estaban representadas. Casi todas estas imágenes y objetos fueron fundidos para extraer el metal, ya sea en Perú o poco después de su llegada a España (Lothrop, 1938). Entre todas estas esculturas figurativas había también vasijas de oro y plata (urpus o aríbalos que servían para llevar y servir cerveza de maíz) que asombraron a los conquistadores al cobrar el rescate de Atahualpa. Íntimamente relacionadas a estas vasijas estaban las copas para beber cerveza, llamadas aquilla. Su importancia para los incas queda demostrada por el hecho de que los metales en Cuzco que forjaron las legendarias piezas en oro y plata del jardín del Coricancha son descritos como «artesanos que estaban en Cuzco para hacer copas de oro y plata» (Santillán, 1950, p. 107)». Se dice que el oro y la plata extraídos de las minas fueron utilizados para fabricar estas copas: «donde el Sapa Inca tenía minas, mandaba que le parecía para que le sacasen oro y plata para sus vasos y otras cosas de su servicio» (Cobo, 1653, lib. 12, cap. 26, p. 119). La importancia de estas vasijas para los incas se evidencia en los deberes de los orfebres que trabajaban en la costa sur donde el Sapa Inca, 332

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