El imperio inka

Recibía la ayuda del sol y de sus ancestros para crear y reordenar el mundo y, a cambio, acompañaba el viaje diario del sol hacia el oscuro Pacífico y su renacimiento a la mañana siguiente, trayendo consigo agua vital desde el oscuro mundo subterráneo. Sacrificios de muchas formas y tipos resultaban necesarios para permitir esta regeneración cíclica. La conexión del inca con el sol y el agua era vista como esencial para el éxito agrícola, y la renovación y regularidad universal, lo que, a su vez, permitía la estabilidad y bienestar social del imperio y sus habitantes. La religión incaica, entonces, puede ser vista fundamentalmente como una fusión del culto al sol y al rey inca en sus múltiples formas (incluyendo su cadáver momificado), orientada a asegurar la continuidad seguridad y bienestar del mundo. Después de caracterizar la lógica de las ideas incaicas sobre la vida, agua, muerte y los ancestros, Kaulicke explora la posibilidad de que dicha lógica haya sido materializada en la organización espacial-arquitectónica de Písac, una de las fincas reales (además de Ollantaytambo, Machu Picchu y otras) atribuidas al noveno inca, Pachacútec Inca Yupanqui (ver capítulo 13 por Niles), ubicada en el valle del Urubamba (figura 1.2). Plantea una discusión amplia sobre el diseño del paisaje en y alrededor de Písac, y sobre cómo sus principales componentes visibles, como los canales de agua, rocas y estructuras funerarias, están íntimamente interconectados y reflejan la lógica incaica que rodea el nacimiento, la muerte y la renovación. Se trata de un estudio provocador, que el autor reconoce como «propenso a las críticas», pero que ofrece una valiosa oportunidad para pruebas arqueológicas y refinamiento de la cosmología y lógica incaica cuidadosamente extraídas de los escritos de Juan de Betanzos. En el capítulo 15, María Constanza Ceruti, investigadora principal del Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas de la Universidad Católica de Salta, Argentina, y Victoria Castro, profesora emérita y titular de la Universidad de Chile y profesora de la Universidad Alberto Hurtado, ambas en Santiago de Chile, colaboran para ofrecer una síntesis integral del culto a las montañas practicado por los incas y en la época modera. Aunque complementan de manera efectiva el capítulo anterior, que depende muchísimo de los escritos de Juan Betanzos, sobre las visiones cosmológicas incaicas, su información se deriva del trabajo de campo realizado por Ceruti (en parte realizado en conjunto con Johan Reinhard) en los picos andinos y de las entrevistas y observaciones 33

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