El imperio inka

por los descendientes del fundador) era el deber de cada inca gobernante. Un segundo deber era la fundación de una finca». La(s) finca(s) no solo representaban una visión del lugar que ocupaba cada gobernante en el mundo, sino que también servían como un recurso productivo que aseguraba su manutención y la de su panaca durante el transcurso de su vida, así como para sostener su culto y a sus descendientes después de que se convirtiera en un ancestro venerado (momia). Considerando las funciones que cumplían las fincas, es comprensible que muchas se ubicaran en zonas productivas cerca al Cuzco (es decir, en el llamado Valle Sagrado de los Incas, el valle del Urubamba, hacia el este de Cuzco; ver figura 1.2). Hablando en términos más generales, sin embargo, y reflejando la diversidad de las fuerzas de trabajo empleadas y productos/recursos que se utilizaban, también se establecieron fincas en entornos geográficos correspondientes a esta diversidad. Al explorar las dimensiones más amplias de las fincas reales, Niles examina la naturaleza de la fuerza de trabajo involucrada en establecer y mantener las fincas reales como un reflejo de las políticas e instituciones imperiales que controlaban los recursos humanos. Los cambios en la identidad y estatus de los mitimaes (especialistas reubicados de manera permanente) llevados a las fincas como yanacunas (siervos hereditarios) sirve para recordar las importantes transformaciones internas (junto con un cada vez mayor número de individuos y propiedades personales exentas del pago de tributos, además de otros cambios de importancia) que sucedieron durante la última etapa del imperio. De estas discusiones, debería ser evidente que la vida de los incas estaba profundamente enraizada en sus creencias cosmológicas. Aun así, el asunto más amplio de las creencias incaicas no puede ser entendido sin la ayuda de documentos históricos. Uniendo la información recopilada por Juan de Betanzos, escritor español de comienzos de la Colonia y considerado una de las fuentes de información relevante más que confiables que hay, Kaulicke (capítulo 14) ofrece en primer lugar una sinopsis de cómo las concepciones incaicas de la vida, la muerte, los ancestros, el Inti (o el sol, su deidad principal) y orden universal están íntimamente relacionados entre sí y con el propio gobernante incaico. El inca, hijo vivo del Inti, fue concebido como el gobernante supremo e incontestable de la tierra, que se convertía en un dios después de su muerte para continuar siendo venerado y participar de asuntos terrenales. Encarnaba la continuidad entre el pasado, presente y futuro del mundo. 32

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