El imperio inka

integral de un ambiente y paisaje antropogénico más amplio. Su objetivo es comprender la diversidad gestionada o mosaicos: la variación local que coexiste con la unidad impuesta. Un conjunto de formas y características arquitectónicas uniformes y distintivamente incaicas (por ejemplo, nichos y entradas trapezoidales) crearon un sentido de unidad y uniformidad, y — al mismo tiempo— sirvieron como expresión simbólica del poder, permanencia e ideales incaicos de un mundo ordenado. Muestran que los «asentamientos incaicos eran inherentemente flexibles y podían por lo tanto incorporar múltiples funciones según lo que se necesitara en un determinado momento y lugar, para servir de la mejor manera posible a las cada vez mayores necesidades del Estado incaico». Más aún, sostienen que el éxito de su arquitectura e imperio fue «la adaptabilidad de los incas a los contextos locales, así como su habilidad para transformar radicalmente todo lo que estuviese a su alcance» en una escala que no tiene precedente. Los resultados de los esfuerzos incas por fusionar los ambientes sagrados, tanto naturales como artificiales, son más evidentes en los centros de élite como las fincas reales, palacios y santuarios, algo que Susan Niles (capítulo 13; ver a continuación) ha estudiado durante mucho de su carrera. Nair y Protzen señalan que fue justo en estos sitios que los incas manipularon los sistemas de agua de maneras multisensoriales para crear una experiencia visual, aural y táctil de los paisajes sagrados (por ejemplo, cursos de agua en cascadas, fuentes y baños). Earls y Cervantes (capítulo 8) y Kaulicke (capítulo 14) también discuten el poder e importancia que el agua tuvo para los incas. Muchos de los asentamientos incaicos más conocidos fueron fincas reales. Entretejiendo información arqueológica y etnohistórica, Niles no solo se enfoca en sus características distintivas, en las razones de su construcción y en la forma en que fueron construidas y mantenidas, sino que también las examina para intentar comprender el contexto más amplio de políticas e instituciones imperiales. Sostiene que las fincas combinan «lo personal y lo político, pues las historias de autoengrandecimiento de los incas hicieron que los actos políticos, las victorias militares y las negociaciones diplomáticas formaran parte del relato personal del éxito del gobernante. Los actos laudables de los reyes incas incluyen sus victorias sobre sus enemigos y sobre la naturaleza, y es la construcción de las fincas lo que las une». En otras palabras, la construcción de las fincas era un acto simbólico muy visible, personal y duradero que se esperaba de cada gobernante: «Fundar la panaca como un grupo corporativo (compuesto 31

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