El imperio inka

El sitio consiste de cuatro concavidades de gran tamaño, naturales y con forma de recipiente, cuyos interiores fueron modificados para formar ordenados complejos de terrazas de irrigación agrícolas con un relleno artificial. Medidas sistemáticas de la cantidad y el tiempo de exposición solar, temperatura ambiental, temperatura del suelo y contenido de humedad, así como de otras variables en distintas locaciones de las terrazas del sitio, revelan una importante variación microclimática aproximándose a condiciones de crecimiento diversas que podrían haber provisto la información necesaria para desarrollar una serie de algoritmos por aplicar en distintas zonas del imperio para logar un crecimiento exitoso de los cultivos deseados. Moray fue mucho más que una maravilla de la ingeniería hidráulica o una estación experimental agrícola; también sirvió como observatorio astronómico y centro de peregrinación. Earls y Cervantes muestran que el sitio fue cuidadosamente seleccionado no solo para aprovechar los sumideros naturales, sino para permitir una serie de observaciones astronómicas cruciales para crear un calendario capaz de articular con la información sobre las condiciones de crecimiento y formular algoritmos que pudieran codificarse en khipus (un sistema de nudos para registrar información; ver más abajo). Earls y Cervantes sugieren que la información y precisiones para el cultivo de ciertos productos fueron entregadas a administradores y líderes provinciales que se reportaban a Moray en fechas preestablecidas. Más aún, en base a fuentes etnohistóricas y etnográficas, sugieren que el sitio fue construido durante el reinado de Huayna Cápac, el décimo primer Inca, quien también ordenó el reclamo a gran escala de los valles de Yucay (ver capítulo 13 por Niles) y el cultivo de maíz en Cochabamba, Bolivia (ver capítulos 7 y 18, por D’Altroy y Muñoz, respectivamente). La transformación interna del imperio parece haberse acelerado hacia el final del periodo imperial. Finalmente, Earls y Cervantes muestran cómo el sitio y las actividades que allí se realizaban estaban relacionados con el sistema ceque en Cuzco (ver su detallada explicación en el capítulo 8; también el capítulo 9 por Urton). En simple, el sistema consistía de 41 líneas imaginarias ordenadas que seguían un orden jerárquico (por ejemplo, ceque en quechua) que irradiaba desde el Templo del Sol (Coricancha) en Cuzco. Cada línea conectaba una serie de huacas o sitios sagrados y estaba asociada con un grupo social específico, cuyo lugar en el sistema ceque reflejaba el nicho que ocupaban en la jerarquía política existente. Cada grupo social era responsable de mantener 26

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