El imperio inka

convertirse en yanas, siervos personales permanentes. La mitmaq imperial también estaba creando nuevos paisajes físicos y socioétnicos en las zonas afectadas. La verdadera magnitud de la mitmaq es difícil de evaluar. Si bien los documentos históricos hablan de miles de habitantes desplazados provenientes de un solo valle y de que se trataba de una práctica que se encontraba en aumento hacia el final de imperio, la realidad es que fue bastante variada en escala. Debemos ser cuidadosos de no excedernos en nuestra generalización de la impresionante escala de la mitmaq a la que algunos documentos se refieren. De hecho, Niles sugiere la posibilidad de que los grandes proyectos ordenados por Huayna Cápac (el décimo primer Inca, ca. 1493-1525/27 d.C.; ver tabla 1.1) hayan sido motivados por la destructiva disputa que enfrentó durante su sucesión. Como diversos autores del libro, D’Altroy advierte que muchos de los proyectos imperiales motivados por causas económicas, así como sus productos materiales, también tenían una importancia simbólica e ideológica. Su capítulo concluye con una lúcida caracterización comparativa de las maneras en que explicamos la economía incaica, incluyendo la visión marxista y la común afirmación acerca de la originalidad de las formas andinas, muchas veces llamado «lo andino» (ver su crítica por Shimada, 2013, pp. 347-348). Como enfatizan D’Altroy y otros en el libro, muchos de los aspectos del Imperio incaico, incluyendo su tecnología agrícola y expresión simbólica, deberían ser entendidos en el contexto de los riesgos, limitaciones y potenciales de la ecología andina. Algunos, como las sequías, heladas, erosión por viento y aluviones, pueden ser graves y persistentes. En este sentido, el mencionado «control vertical» y sus calendarios agrícolas pueden ser una forma efectiva de reducir o dispersar los «riesgos» de la producción agrícola a nivel local o incluso regional. El problema organizacional de aplicar dicha estrategia de reducción y dispersión de riesgos en áreas mucho más grandes, con la correspondiente mayor variabilidad en condiciones de crecimiento, es a lo que John C. Earls, etnólogo australiano que enseña en la Pontificia Universidad Católica del Perú en Lima, y Gabriela Cervantes, arqueóloga peruana de la Universidad de Pittsburgh, se refieren (capítulo 8) sobre la base de información multifacética del intrigante sitio de Moray, ubicado a 3500 msnm y a cerca de 35 kilómetros de Cuzco. Si consideramos los esfuerzos de los incas por intensificar la producción de cultivos de alta demanda como el choclo y la coca, podemos constatar que este no es un asunto menor. 25

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