El imperio inka

descrita en términos de una escala móvil entre políticas directas que implicaban una alta inversión material y de mano de obra y políticas indirectas que dependían de la lealtad y eficiencia del liderazgo existente (por ejemplo, D’Altroy, 1992; D’Altroy & Earle, 1985). Al mismo tiempo, como Covey justificadamente critica, el imperialismo incaico es usualmente considerado un continuo geográfico a lo largo de la cordillera. Sostiene que todavía necesitamos documentar «cuándo, dónde y cómo ejerció su poder sobre las poblaciones locales el imperio incaico y explicar las circunstancias en dónde no lo hizo». De hecho, los capítulos 17-22 ofrecen dichos detalles, obtenidos a través de estudios diacrónicos y regionales en seis provincias divergentes del imperio. Es probable que en el futuro descubramos una mayor variabilidad en la administración provincial incaica conforme aprendamos más sobre las consecuencias organizacionales, materiales e ideológicas de un sistema imperial que no solo se expandió rápidamente en terrenos culturales y físicos altamente diversos, sino que además experimentó cambios internos que no tienen precedente alguno (por ejemplo, propiedades personales en expansión y personal exonerado del pago de tributos). Al discutir los factores que subyacen al carácter irregular de la administración provincial de los incas, Covey se enfoca en el importante rol que cumplieron los caminos inca (Qhapaq Ñan en quechua), construidos durante campañas militares y que cubren más de 25 000 kilómetros y conectan casi todas las áreas del vasto imperio (Hyslop, 1984, 19901). Dos importantes caminos paralelos en la costa y en la cordillera estaban interconectados por docenas de caminos laterales, centros administrativos y almacenes, así como por otras facilidades imperiales, y constituyeron la base sobre la que se estableció la infraestructura imperial. Covey recomienda que se realicen trabajos de campo adicionales en las zonas más alejadas de los caminos inca para de poder medir «el impacto del dominio imperial sobre la vida diaria de las personas que continuaron viviendo lejos de los centros administrativos y que parecen haber absorbido poco de la cultura material de los incas». Desde la perspectiva que le otorga el haber conducido investigaciones arqueológicas en distintos puntos del imperio, Terence N. D’Altroy (capítulo 7), reputado arqueólogo de la Universidad de Columbia y especialista en estudios incaicos, presenta una caracterización completa de las instituciones y estrategias económicas que ayudaron a sostener al imperio en rápida expansión. Discute las soluciones de los incas para 23

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