Vega Centeno, 2004), pero estos casos son inusuales. Uno pensaría que, si el programa de la mitmaqkuna era la fuerza motora de la economía imperial tardía, deberíamos reconocer sus huellas materiales con mayor facilidad. Pero como este no es el caso, debemos repensar la forma en que utilizamos las herramientas arqueológicas para estudiar el que puede haber sido uno de los programas económicos más importantes del incanato. En cuarto lugar, ¿cuál fue el efecto biológico que tuvieron sobre la población andina la imposición de un reasentamiento masivo y la economía extractiva del imperio (Andrushko, 2007)? Aunque esta área de investigación solo ha comenzado a tomar forma recientemente, promete ayudarnos a entender los cambios en la dieta según región y género (Hastorf, 1990), mortalidad infantil (Owen & Norconk, 1987), patologías (Verano, 2003), estreses saliendo de la fuerza de trabajo (Norconk, 1987) y la intersección entre los que habían sido grupos de genes distintos (Turner, Kamenov, Kingston & Armelagos, 2009; Haun & Cock, 2010; ver capítulo 4 por Shinoda). En quinto lugar, está la pregunta de cómo reaccionaron las economías de las sociedades súbditas frente a la presencia del Estado y las demandas de su economía. Sabemos que había cierta resistencia a cumplir con los gravámenes estatales, pero también podríamos preguntarnos cómo es que los miembros de las comunidades locales intentaron avanzar en sus propios objetivos. En el Alto Mantaro se han descubierto cambios en la metalurgia, elecciones alimenticias, producción textil, producción y uso de cerámicos, y otras actividades del hogar (Costin & Earle, 1989). Por su parte, las élites de algunas sociedades súbditas crearon vínculos especiales con el Estado que perseguían su propio beneficio (véase Lorandi & Boixados 1987-1988; Alconini, 2010), usando en algunos casos bienes estatales como una forma de hospitalidad política en comunidades súbditas (véase D’Altroy, 2002). Aun así, también es cierto que mucha de la actividad económica en el imperio no era, en realidad, imperial. Como no existen muchos estudios sobre la economía de las comunidades bajo el dominio imperial (D’Altroy & Hastorf, 2002), se requiere mucho más trabajo sobre el tema. Para concluir, me gustaría considerar cómo los incas utilizaron la economía como una herramienta para la reconfiguración cultural de los Andes —otro tema que merece todavía más investigación—. En cierta forma, las políticas económicas de los incas eran simplemente de dominación y extracción. De otra parte, eran disputas hegemónicas sobre 227
RkJQdWJsaXNoZXIy MjgwMjMx