la tierra, biota, historia y prácticas culturales que mediaban entre los humanos y los aspectos no humanos de su mundo. La transformación del paisaje a través de la andenería e irrigación, por ejemplo, era un mensaje cultural, como Earls y Cervantes y Nair y Protzen han notado en otros capítulos de este libro. En realidad, ambas prácticas mejoraron la productividad agrícola al acelerar la temporada de crecimiento, mejorar la humedad y retención del suelo y expandir el área de cultivo. Otro hecho de similar importancia, sin embargo, fue la domesticación, a través de la manipulación del agua y la reducción del caos que los incas afirmaban era inherente a los Andes antes de su aparición, de un paisaje que tenía una vida social y pasado propios. Se realizó un esfuerzo paralelo para reconfigurar el espacio biótico de los Andes distribuyendo una variedad específica del cultivo más deseado —el maíz cusqueño— en sus dominios. En lo que parece haber sido una práctica religiosa, también llevaron a cabo actividades agrícolas experimentales, haciendo crecer el maíz en el enclave sagrado de Copacabana, Bolivia, cerca de 200 metros sobre su límite de elevación usual de 3600 msnm. Y, en el extremo sur de su territorio, en Chile central, cosecharon cultivos (especialmente quinua) de los Andes centrales (Rossen, Planella & Stehberg, 2010). El efecto de estas prácticas agrícolas e, incluso, forestales (ver también Chepstow-Lusty & Winfield, 2000), especialmente al aplicarlas en contextos de hospitalidad comensal, era imponer una visión particular sobre las sociedades subyugadas sobre de lo que constituía un comportamiento civilizado. En general, entonces, las políticas económicas de los incas tenían como objetivo sostener a las actividades estatales, élites aristocráticas e instituciones religiosas oficiales, así como imponer una idea específica de una vida ordenada y civilizada. Para ello, los incas implementaron un impuesto sobre el trabajo, reorganizaron la composición étnica del imperio, remodelaron el paisaje y dedicaron grandes cantidades de personas al servicio institucional y personal. Todo esto se hizo bajo la apariencia de responsabilidades sociales compartidas, perspectiva que fue firmemente rechazada en primera instancia por muchas comunidades andinas súbditas —y a veces en segunda y tercera también, a juzgar por las narrativas de resistencia y apoyo frente a los invasores españoles—. BIBLIOGRAFÍA Albeck, María E. & M. Cristina Scattolin (1991). Cálculo fotogramétrico de superficies de cultivo en Coctaca y Rodero, Quebrada de Humahuaca. Avances en Arqueología, 228
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