de la última negociación sangrienta por riqueza y poder? Para explicar este punto de manera ligeramente distinta, ¿existía acaso un conjunto de reglas que determinaba cómo manejar la economía o fueron el poder y la negociación política las herramientas esenciales que transformaron la economía incaica a través de su historia? Otra pregunta se refiere al balance entre los espacios políticos y económicos de la economía política incaica. Con esto busco enfocarme en los circuitos de producción, almacenamiento y consumo en las actividades estatales. De los documentos más antiguos, sabemos que las provincias debían ser básicamente autosuficientes. Si esto era verdad, las regiones de producción y consumo deberían haber coincidido con los espacios administrativos (por ejemplo, provincias administradas por gobernadores). Sin embargo, también sabemos que algunos bienes eran distribuidos en circuitos que cruzaban fronteras provinciales, por lo que parecen haber existido múltiples capas espaciales de prácticas económicas. Por ejemplo, algunos objetos de alta calidad —textiles, cerámicas, ídolos de metal— fueron transportados a través de largas distancias y utilizados en contextos específicos vinculados al Estado, tales como altares en las zonas más elevadas de la sierra. Además, las cerámicas no incaicas de estatus alto como Pacajes, Yavi Chico polícromo y Negro Pulido circularon a través de fronteras provinciales gracias a redes estatales en Collasuyu (Williams y otros, en preparación). En vista de dicha evidencia, debemos explorar cómo las múltiples preocupaciones administrativas (por ejemplo, la autonomía política regional) y económicas (como los costos de transporte) entraron al escenario. Las ratios de peso a valor pueden haber sido importantes, pero otros factores, como la fase imperial (por ejemplo, expansión, consolidación), los obstáculos regionales a la autoridad inca, el contexto del uso y las riñas políticas internas parecen también haber jugado un rol. Una tercera rama de investigación genera algunas preguntas para los estudios andinos. Si el programa de colonización era tan extensivo, afectando a un cuarto o más de la población subyugada, ¿por qué son tan difíciles de encontrar estas colonias? Comparada con las fuentes documentarias, la evidencia arqueológica con que contamos hoy en día nos haría subestimar los programas de reasentamiento por tanto como un factor de cien (D’Altroy, 2005). Se ha registrado la existencia de algunos estilos arquitectónicos o de cerámicas mixtos o fuera de lugar en, por ejemplo, la frontera de Bolivia (Alconini, 2010) y en el valle de Lurín (Makowski & 226
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