El imperio inka

adolescentes), la escasez de representaciones antropomorfas en espacios públicos o en contextos análogos a los que otras culturas usaron para registrar los logros de la realeza —por ejemplo, frisos, murales y monumentos— resulta llamativa. He sostenido antes (D’Altroy, 2010, 2015) que dicha práctica probablemente nació del interés incaico por dividir concepciones culturales en cosas que tuviesen una existencia material, que tuviesen expresiones inmateriales (discursos, genealogías y sagas orales) y performáticas (por ejemplo, rituales). Considerando que mucha de la economía incaica estaba dedicada a servicios que prácticamente no dejaban un rastro material —aproximadamente el 40%, según los censos laborales de los que queda evidencia— y que evitaban crear ciertos objetos, debemos tener en mente el balance entre lo material y no material al considerar la estructura general de la economía estatal. LA INFRAESTRUCTURA La empresa económica imperial no hubiera funcionado sin la elaborada infraestructura de hasta dos mil centros provinciales, facilidades secundarias y almacenes, y la vasta red de caminos que los integraban en un sistema único (fig. 6.1; ver capítulo de Covey). Una serie de principios en el núcleo de la economía incaica requerían que la infraestructura se desarrollara de esta forma extensiva. El primero era que el cobro de impuestos se hacía principalmente a través de la mano de obra. Dejando los servicios de lado, los productos materiales del cobro de impuestos estaban conformados principalmente de bienes voluminosos, como comida, textiles y otros bienes artesanales. En segundo lugar, la capacidad de transporte en los Andes era bastante ineficiente en comparación a la de otros imperios en el mundo. No existía un trasporte efectivo, ya sea por agua, montado o sobre ruedas, por lo que portadores humanos y caravanas de llamas debían mover la gran mayoría de materiales para los incas. Tercero, no existía dinero de propósito general en la economía del Estado. Los súbditos no podían ser gravados en especie y no había mercados en los que el Estado o sus agentes pudieran realizar compras. Circulaban algunos bienes especiales como los textiles y la coca, pero su utilidad estaba limitada a contextos sociales particulares. Podríamos estar en el límite de la descripción razonable para referirnos a algunas de ellas como monedas comestibles (por ejemplo, coca, sal). En cuarto lugar, los esfuerzos incaicos de crear una economía estatal independiente significaban que los suministros no podían ser requisados de la población súbdita de forma 222

RkJQdWJsaXNoZXIy MjgwMjMx