diseños geométricos podían ser replicados por artesanos aprobados por el Estado (Morris, 1995; Cummins 2007, ver capítulos 10 y 11 por Cummins y Phipps, respectivamente). El más obvio de estos objetos era una fina tela tejida llamada qompi, así como las copas de madera, oro y plata que eran entregadas como regalos a las élites súbditas que colaboraban con ellos y a individuos que habían destacado en el servicio del Estado. Menos obvio resulta el control de la hospitalidad y la cocina impuesto por el uso de vasijas y comidas estatales en festines comensales de carga política (por ejemplo, Bray, 2003). Al producir la cerveza de maíz (chicha o, más apropiadamente, aqha) para los festines públicos en vasijas diseñadas por el Estado, enfatizando la producción del cultivo sagrado y exportando los cultivos de la zona del Cusco hacia todo el imperio, los incas desarrollaron una forma de dejar una huella cultural en las provincias a través de las prácticas sociales. Si bien muchos objetos pueden ser fácilmente descritos como utilitarios o como bienes de estatus, los incas tenían una relación mucho más complicada con las cosas materiales que lo que se puede inferir de estos conceptos (Sillar, 2009). Por un lado, consideraban que muchas cosas tenían consciencia, intencionalidad y la habilidad de actuar. Entre ellas estaban los íconos hermanos (wawqi) de los gobernantes y los objetos/ ídolos (bultos) que se entendían como una serie de figuras históricas (Ziółkowski, 1996). Estos objetos —fabricados de piedras, oro o recortes de las uñas o pelo de los gobernantes, por ejemplo— tenían la habilidad de hablar por ellos y parecen haber sido percibidos como una extensión directa del gobernante. Se consideraba que objetos o elementos de su entorno, especialmente las piedras, también poseían formas similares de consciencia. Diversas cosas materiales estaban además dotadas de camay, es decir, la capacidad de crear o instilar vitalidad en algo más (Cummins, 2002; Bray, 2009). También se creía que muchos objetos encontrados, como pepitas de minerales o piedras con formas inusuales, tenían el poder de afectar la realidad. Es importante considerar, siquiera de manera muy breve, lo que los incas nunca fabricaron. Hicieron pocas, si alguna, representaciones de humanos con identidades personales. Aunque existen algunas imágenes de humanos en los textiles, en el arte rupestre de las cuevas y como ídolos masculinos y femeninos enterrados en altares y ofrendas de qhapaq ucha (una ceremonia sagrada que se realizaba en momentos de cambios trascendentales o grandes necesidades y que a veces incluía el sacrificio de 221
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