El imperio inka

asignado por los líderes del ayllu sobre la base del estatus y necesidad familiar de cada uno. Las familias con estatus más alto podían recibir más que las familias comunes y, a juzgar por los documentos de la era colonial, solían tener acceso a recursos de un mayor rango de zonas ecológicas. Excepto el servicio doméstico del que disfrutaban las élites, la especialización en los servicios era aparentemente inusual en estas comunidades. A cambio de su liderazgo, estas élites disfrutaban el derecho de que otros trabajaran sus tierras y pastorearan su ganado, así como el acceso a cierta artesanía (Murra, 1980[1956]). Además de sus relaciones de parentesco, el ayllu estaba unido por una serie de obligaciones mutuas, por lo que las relaciones económicas conllevaban un componente moral esencial (ver Trawick, 2001). Entre la población general, el trabajo de tareas como la agricultura y el mantenimiento de los canales era dividido entre los miembros del grupo. Esta reciprocidad balanceada recibía el nombre de waje waje, y se basaba en el principio de que los hogares de estatus similar intercambiarían servicios esperando un retorno equivalente. También existían relaciones asimétricas basadas en el intercambio de trabajo (minka) y que unían a hogares con diferentes estatus (por ejemplo, caciques y súbditos) o posición social (familias políticas). La desigualdad entre las partes se encontraba en el centro del intercambio de la minka. Se esperaba que, a cambio del privilegiado estatus del que gozaba, la élite del ayllu proveyera ciertos servicios y bienes. Además de liderazgo militar y ritual, los caciques debían abastecer de materiales tan preciados como tela y chicha (cerveza de maíz) a la población correspondiente. Como las élites solían tener acceso a recursos productivos que estaban fuera del alcance de la mayoría de la población, parte de sus obligaciones consistía en proveer estos productos. Un ítem particularmente importante era la hoja de coca, que crecía en limitados contextos ecológicos a cada lado de las montañas y cuyos campos de cultivo solían estar controlados por los curacas. Estos valiosos productos solían ser distribuidos durante los festines auspiciados por el cacique. Estas distribuciones —usualmente llamadas redistribuciones— representaban en el fondo una manera de establecer vínculos entre los grupos y de reforzar la desigualdad social. Las relaciones de deberes desiguales también constituían el sistema por el que los incas conseguían la mano de obra de esas mismas comunidades que se encontraban bajo el dominio imperial. Existen múltiples casos registrados que detallan cómo, cuando el ayllu no tenía acceso a recursos cruciales 204

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