alpacas, este pastizal frío y húmedo fue crucial para la economía andina durante la época incaica. Algunos tubérculos más resistentes también pueden ser cultivados en esta altura, especialmente los tubérculos amargos que luego se convierten en chuño o papas secadas al frío. Sobre la puna está la zona janca, explotada durante siglos por su abundante riqueza mineral. La montaña o franja superior de la selva amazónica y la selva baja también fueron ecozonas de importancia durante la época prehispánica. La montaña produce maíz, coca, frutas y una serie de cultivos de climas cálidos, mientras que la selva fue explotada por los incas por sus productos naturales, como madera, plumas y oro. Al norte del Perú, el ambiente costero estaba dominado por manglares, mientras que las zonas más altas, húmedas y herbosas, reciben el nombre de páramo. El clima templado de los valles de altura los convierte en una de las regiones más amables para vivir, por lo que no es una sorpresa que los incas construyeran su capital norteña en el sur de Ecuador. La característica dominante al sur de la sierra peruana es el altiplano, hogar de grandes rebaños de camélidos durante la época incaica. Al sur, el área principal de ocupación fue la «valliserrana», una zona de largos valles desérticos, bosques de matorrales y punas, que albergó una densidad sorprendente de comunidades. Aun así, a pesar de lo productivos que puedan ser los ecosistemas andinos, padecen también de forma crónica los eventos potencialmente catastróficos. En algunas zonas de altura, los cultivos suelen fallar dos tercios del tiempo, mientras que los terremotos, avalanchas y erupciones volcánicas pueden resultar devastadoras. El más famoso de estos disturbios es la oscilación del patrón climático entre El Niño, que calienta el ambiente más de lo normal, y su opuesto, La Niña, que ocurre de forma periódica, aunque impredecible. El Niño ocasiona lluvias torrenciales sobre la costa peruana, que a veces destruyen los sistemas de irrigación, mientras que las cálidas aguas tropicales que pueden llegar hasta la costa matan o alejan a la mayoría de la biota marina. Si bien la descripción previa habría tenido sentido para un habitante de los Andes prehispánicos, también hubiera estado incompleta. Las relaciones humanas con el ambiente constituían un escenario de negociación constante y cuidadosa durante la época incaica. Algunas zonas, especialmente los valles de altura (la zona quechua), solían ser consideradas un área civilizada, mientras que las zonas más altas, salvajes e indomadas. Las selvas hacia el este eran hogar de caos y seres malignos 202
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