2003 como situación similar en la costa norte). Tales alianzas fueron posibles porque el gobernante inca estaba dispuesto a aceptar a los líderes locales como subordinados, siempre y cuando reconocieran su dominio y aceptaran ciertas instituciones incas. Pedro de Cieza de León ([alrededor de 1550]1988, cap. 17) afirma que las nuevas provincias tenían que adoptar el culto solar inca, cumplir la ley inca y aprender el idioma quechua. El ofrecimiento de alianzas y suntuosos regalos, como vasijas de oro y telas finas, ayudaron al proceso de conquista y división entre las descentralizadas regiones de la sierra. Al describir el suave manto de la diplomacia inca, Hernando de Santillán ([1563]1968, No. 8) también expone la mano dura que yace debajo: aquellos que no se rendían voluntariamente al dominio inca y reconocían que descendía del Sol fueron aplastados militarmente y reducidos para servicio tributario. El militarismo inca cambió a través del tiempo; las pocas grandes campañas militares de Pachacuti, durante su vejez, fueron seguidas por frecuentes expediciones dirigidas por dos o tres de sus hijos y nuevas regiones fueron objeto de conquista. El servicio militar se convirtió en un medio de distinción para los hombres de la realeza, especialmente para los hijos nacidos de la unión del gobernante y esposas secundarias y consortes (Cieza de León [alrededor de 1550]1988, cap. 10). Con el tiempo, el gobierno indirecto a través de aliados locales resultó ser insuficiente para mantener el orden administrativo, ya que los señoríos locales buscaban su independencia en momentos en que los ejércitos incas estaban ocupados en otra parte. El proceso perturbador de la sucesión real también pudo propiciar revueltas; muchas crónicas identifican la sucesión de Tupa Inca Yupanqui como un tiempo en que los movimientos de independencia se extendieron por todo el territorio de la sierra (por ejemplo, Betanzos [década de 1550]1999, parte 1, cap. 33). En las últimas décadas del Imperio inca, las campañas de reconquista utilizaron tácticas más brutales y fueron acompañadas por la introducción de prácticas administrativas directas. LAS INCURSIONES IMPERIALES Y EL DOMINIO DE LA PROVINCIA SERRANA Las primeras crónicas revelan algunos de los desafíos ante la reconstrucción de la historia de la administración en una provincia inca determinada. La administración en provincia se estableció durante varias generaciones, creando un palimpsesto que es difícil de desentrañar respecto a su etnohistoria y arqueología. Cieza de León ([alrededor de 175
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