El imperio inka

suficientemente poderosa como para desplegar ejércitos para las campañas de conquista territorial a largo plazo. Sin embargo, la arqueología revela que, durante el periodo Intermedio Tardío, el territorio chanca estaba constituido solo por modestas aldeas —muchas de ellas situadas en la cima de colinas y montañas—que no estaban políticamente organizadas o económicamente orientadas hacia la guerra de conquista (Bauer, Kellett & Aráoz Silva, 2010). Del mismo modo, los cronistas españoles describen a los pueblos Colla y Lupaca como reinos poderosos y ricos capaces de reunir grandes ejércitos, mientras que la arqueología muestra que la cuenca del Titicaca había sido balcanizada y organizada en torno a la defensa de la comunidad en el momento de la conquista inca (Arkush, 2011; Frye & de la Vega, 2005). Con los nuevos datos del periodo Intermedio Tardío en zonas de supuestos rivales tempranos de los incas, la evidencia arqueológica hace difícil la aceptación de varios aspectos sobre la mitología de la conquista inca como única verdad (Covey, 2008). En lugar de reaccionar ante las sociedades expansionistas rivales, los incas apostaron por su consolidación política y económica en la región del Cuzco (Bauer & Covey, 2002; Covey, 2006) y posteriormente tomaron ventaja de su superioridad numérica para invadir las regiones vecinas. Esta es, de hecho, la explicación de los orígenes imperiales incas que el escritor colonial Polo de Ondegardo mencionó en 1571 (1916, p. 51). Las crónicas tempranas describen las primeras campañas del imperio como eventos que ocurrían solo pocas veces durante la vida de un gobernante, en lugar de sucesos anuales. Estas se llevaron a cabo para mejorar la reputación del gobernante y no necesariamente para tomar otras regiones bajo la dirección del Imperio inca. El gobernante inca dispuso con anticipación los suministros necesarios y el mayor número de personas posibles para acompañar al ejército, quienes construyeron caminos y puentes a medida que iban avanzando (Betanzos [década de 1550]1999, parte 1, cap. 18). La mayoría de las regiones mencionadas en los relatos de las primeras campañas imperiales no estaban bajo el gobierno de un solo grupo y el ejército inca fue localmente visto como un medio para aplastar grupos rivales. En muchos casos, un grupo local aceptó o buscó alianzas con los incas (por ejemplo, los grupos cañas y lupacas), lo que trajo como consecuencia que sus rivales locales (los canchis, collas y soras) rechazaran la diplomacia inca y buscaran refugio en sus fortalezas en las colinas con la esperanza de sobrevivir a los invasores (ver Hayashida, 174

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