extensión de la familia y el hogar; mientras que un kuraka podría pensarse como «un primero entre iguales» que recibió la autoridad por parte de un gobernante inca. El manejo de la jerarquía administrativa como la única fuente de poder del Estado ha tendido a subestimar el poder político de las mujeres incas, pero es importante tener en cuenta la prevalencia de funcionarias religiosas femeninas (mamakuna) en contextos de ceremonias del Estado y como autoridad religiosa. La arqueología inca de la provincia, sobre todo desde la década de 1970 (ejemplo, Dillehay, 1977; Morris, 1972), ha desarrollado tradiciones intelectuales descritas anteriormente y que han llegado a considerarse como puntos de vista complementarios y no excluyentes entre sí; D’Altroy (1992) y otros (por ejemplo, Burger, Morris & Matos Mendieta, 2007) hacen hincapié en la variabilidad de la administración de la provincia inca, que a menudo describen como un continuo entre las políticas directas e indirectas. Si bien estos enfoques capturan aspectos clave de la variación identificada en diferentes regiones de la provincia, a menudo el imperialismo inca aún es tratado como una continuidad geográfica a lo largo de la sierra y que carece de una trayectoria de desarrollo a largo plazo. Los investigadores aún deben responder a las preguntas de cuándo, dónde y cómo el Imperio inca ejerció su poder sobre las poblaciones locales y explicar las circunstancias en las que esto no sucedió. En última instancia, la prueba y mejora de los modelos de la administración de la provincia inca de la sierra requieren datos arqueológicos sólidos a partir de múltiples regiones durante un largo periodo. Además, es importante emplear un modelo fuertemente documentado en el gobierno inca de la sierra y que no esté fundado solamente en las fuentes del siglo XVII, como Garcilaso de la Vega ([1609]1965) y Bernabé Cobo ([1653]1964), sino más bien que esté construido con base en las primeras narrativas detalladas y escritas por autores que entrevistaron personalmente a informantes de la nobleza inca (por ejemplo, Betanzos [de la década de 1550]1999; Cieza de León [alrededor de 1550]1988). Las pretensiones hechas por la nobleza inca se pueden comparar con los primeros documentos coloniales de las regiones de provincia (por ejemplo, Diez de San Miguel, [1567]1964; Ortiz de Zúñiga, [1562]1967, [1562]1972), y otros documentos relevantes escritos durante la primera generación después de la conquista española (véanse los capítulos 2 y 21 por Salomon y Schjellerup, respectivamente). La comprobación arqueológica de la documentación del modelo debe de tener 170
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