El imperio inka

construyeron almacenes de primera necesidad y productos suntuosos que eran manejados directamente por el gobernante inca y sus representantes. Las expectativas de este modelo pueden ponerse a prueba a través de datos arqueológicos —en cada área de provincia deberían ser encontrados centros administrativos de diversos tamaños con un claro aparato imperial administrativo y jerárquico observado a lo largo de un cierto territorio—. Una lectura histórica de la etnohistoria inca se ha encaminado a conceptualizaciones más uniformes de los territorios de provincia; sin embargo, el enfoque antropológico de John Murra ([1956]1980) sobre las poblaciones no pertenecientes a la élite de la provincia ha provocado una revisión de arriba abajo de la política inca, donde el Estado es considerado como poco más que un claro grupo de parentesco (véase capítulo 2 por Salomon). Mientras tanto, Tom Zuidema ([1964]1995) ha observado que el estrato superior del Imperio inca no abarcó solamente un gobernante poderoso rodeado por sus súbditos, sino más bien a un conjunto de facciones de nobles incas y élites de provincia compitiendo y construyendo alianzas para alcanzar poder en la capital. Los enfoques sociales sobre el imperialismo inca consideran la reciprocidad como un concepto clave en el origen de tributo en el trabajo, con élites en toda la jerarquía administrativa tratando de sacar ventaja del sistema y, en última instancia, con un Estado político y económico que les otorga al menos un pago simbólico por sus servicios prestados. Arqueológicamente, este modelo de orden provincial debería encontrar una continuidad en sociedades locales con una variable presencia inca dentro de los contextos de jerarquías locales. Los análisis sociales del poder inca articulan el papel de las obligaciones sociales y de parentesco en el despunte de algunas formas de poder social y habilitan otras. Se destacan las definiciones sociales (en vez de geográficas) de las jurisdicciones imperiales, diferenciando entre los títulos que reflejan la dominación de redes sociales frente a los utilizados para las jerarquías políticas incas. El léxico quechua más antiguo (Santo Tomás, [1560]1951) menciona yayanq y mama como términos de «señor» y «señora» nombrados por sirvientes y expresados en términos de autoridad paternal y maternal. En contraste, el término kuraka (curaca) es usado comúnmente por oficiales de la jerarquía administrativa decimal. Este término es asociado a cosas que se pueden contar en orden (el kuraka rukana es el pulgar) y está vinculado al mérito y preferencia de los hijos mayores en diccionarios tardíos (véase capítulo 9 por Urton). Por lo tanto, un yayanq o mama mantendría su propio derecho de autoridad, como una 169

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