El imperio inka

Coincidiendo con una advertencia lanzada por Julien (1993, p. 228), Pärssinen nos recuerda la naturaleza específica de la información histórica y arqueológica, y que los cambios sociales, religiosos, económicos o políticos históricamente registrados no afectan inmediatamente toda la cultura material que puede ser detectada arqueológicamente o viceversa; un cambio acelerado en la cultura material no necesariamente implica una reorganización simultánea de la vida social, religiosa, económica o política (Pärssinen, en este libro). Su observación explica parcialmente los retos que enfrenta la verificación arqueológica de las conquistas incaicas históricamente mencionadas. Como señaló Murra (1986), una conquista inca puede en realidad haber implicado repetidas conquistas o, incluso, ninguna, pues las amenazas de un ataque por un ejército de mayor tamaño pueden haber sido suficientes para subyugar a una comunidad. Considerando el nivel de variabilidad en la naturaleza y calidad de las fuentes de información textual y otras, las preguntas y objetivos de la investigación, y las dudas sobre la información generada por uno mismo, no es posible sostener que un solo acercamiento a los estudios incaicos o uso de las fuentes textuales sea superior a los demás. Al mismo tiempo, como sugiere Pärssinen, este libro, tomado como un todo, constituye mi forma de promover un acercamiento multidisciplinario amplio a los estudios incaicos (ver también D’Altroy y otros, 2002; Schjellerup y otros, 2009), uno en el que cada línea de evidencia, incluyendo la etnohistórica, sea examinada de manera independiente y contrastada con otras líneas de evidencia. Aunque la concordancia entre múltiples líneas de evidencia no implique automáticamente que algo sea correcto, sí es un argumento a favor de su plausibilidad general. Si bien combinar información arqueológica y etnohistórica en la forma en que algunos autores de este libro lo han hecho permite obtener una serie de conclusiones sinérgicas, también puede afectar negativamente la investigación y, por ende, dificultar el reconocimiento de los sesgos, debilidades y fortalezas de cada uno. Covey (capítulo 6) sostiene acertadamente que «Ante el hecho de que la base de datos arqueológicos se ha ampliado y es representativa, será posible ir más allá de la comprobación de las afirmaciones etnohistóricas para abordar los aspectos del imperialismo inca que no fueron registrados por los primeros escritores» (énfasis agregado). La relación entre arqueología e historia sin duda seguirá en debate (por ejemplo, «Arqueología y etnohistoria en los 17

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