El imperio inka

Su análisis arroja fuertes dudas sobre la historicidad de las narrativas conocidas de los logros tempranos de los incas, incluyendo la conquista de los chancas. R. Alan Covey (capítulo 6), arqueólogo de la Universidad de Darthmouth que ha trabajado en la zona de Cuzco y los Andes centrales, hace eco de los mismos sentimientos y se muestra bastante receloso de las perspectivas que se anclan en documentos históricos posteriores. Juntos, exponen el notable abismo entre los modelos etnohistóricos y la realidad arqueológica y rechazan las reconstrucciones culturales (especialmente aquellas vinculadas a los orígenes de los incas; cf. capítulos 3, 4 y 5) que, consideran, dependen demasiado y acríticamente de escritos históricos como mitos y leyendas. Peter Kaulicke (capítulo 14), renombrado arqueólogo alemán de la Pontificia Universidad Católica del Perú, por otro lado, recurre en múltiples ocasiones a los testimonios de Juan de Betanzos acerca de cómo los incas entendían la vida, muerte y culto a los ancestros como punto de partida para evaluar los restos arqueológicos en Písac, una propiedad de la realeza incaica en el valle del Urubamba, al este de Cuzco (fig. 2). Tamara Bray (capítulo 22), arqueóloga estadounidense de Wright State University, reconocida por su prolongada investigación sobre el norte de los Andes y el imperialismo inca, se basa en las agudas observaciones etnográficas de Pedro Cieza de León, un escritor español que viajó a través de lo que alguna vez fue el Imperio incaico. Al mismo tiempo, analiza y complejiza su información etnohistórica, así como la de otras fuentes, con investigaciones arqueológicas y excavaciones. En general, los autores en el libro han realizado una selección cuidadosa de fuentes escritas y las usan críticamente como una de las fuentes de información que guían el estudio arqueológico. Martti Pärssinen (capítulo 17), etnólogo finlandés de la Universidad de Helsinki, demuestra la concordancia y discordancia entre la información arqueológica y la etnohistórica al momento de definir la conquista, administración y extensión física de Collasuyu, que abarcó mucho de la parte sur del Tahuantinsuyo. Si bien estas dos fuentes de información coinciden en ciertos aspectos con respecto a la expansión inca que llegó hasta la zona de Mato Grosso cerca de la actual frontera entre Brasil y Bolivia, difieren en cuanto a la cronología de la conquista inca del Collasuyu. De manera previsible, la información de los documentos locales parecería coincidir mejor que la que se encuentra en documentos generales con una cobertura espacial, temporal y tópica más amplia. 16

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