El imperio inka

migración hacia el norte, originada en Pacariqtambo o el lago Titicaca, o incluso ambos (Cerrón-Palomino, 2015; Shinoda, 2015; Pärssinen, 2015). En contraste, este artículo incide en la reciente evidencia arqueológica acerca de cuatro grupos étnicos distintos ubicados a lo largo de los Andes para proveer un panorama más claro de las condiciones culturales que permitieron el origen del Estado inca. Destacamos aquí que la información histórica de las crónicas españolas debe ser separada del registro arqueológico y luego comparada con este. También enfatizamos que las crónicas necesitan ser leídas críticamente, para separar los tipos de información legendaria, mítica e histórica. Específicamente, consideramos que no es productivo utilizar la evidencia arqueológica para intentar evaluar la veracidad de la mayoría de narraciones míticas y legendarias. Tal como no utilizaríamos reciente información arqueológica para probar la validez del mito de origen judeocristiano de Adán y Eva, sería poco confiable analizar los mitos de origen de las culturas de América del Sur sobre la base de la evidencia arqueológica. En relación con los «orígenes incas», se han realizado intentos de combinar los eventos míticos con la información arqueológica para producir una «historia-mítica»; pero esto solo ha resultado en confusas aproximaciones a la mitología e historia andina (ver Hiltunen & McEwan, 2004). Igualmente, se ha intentado relacionar el desarrollo del Estado inca en el Cuzco con eventos míticos que se cree tuvieron lugar en la región del lago Titicaca. Por ejemplo, algunos lingüistas sugieren que los lazos conceptuales entre el quechua, aimara y puquina sostienen la idea de un movimiento poblacional ancestral desde el lago Titicaca hacia el Cuzco; lo que se evidencia, de acuerdo con ellos, en el mito de origen del lago Titicaca (Cerrón-Palomino, 2015). Observamos, sin embargo, que existe poca evidencia arqueológica para respaldar estos modelos. Asimismo, se han examinado los «orígenes» de los incas a través del análisis de ADN e intentado conectar estos resultados con información contenida en los mitos de origen inca del lago Titicaca y de Pacariqtambo (Shinoda, 2015). Lamentablemente, las muestras de ADN de la región del Cuzco utilizadas en este estudio fueron recolectadas con una comprensión limitada de la secuencia cultural local. Muestras de distintos sitios, grupos regionales e incluso de diferentes periodos fueron recogidas y analizadas en conjunto. Aún más problemática resulta la creencia de que el ADN proveerá evidencia «sólida» que bien respalde o descarte un mito de origen. Por 141

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