El imperio inka

entre ellas las de Betanzos y Cieza, nos hablan de la existencia de una verdadera «confederación» liderada por los chancas e integrada por distintas «naciones» (astos, angaraes, chocorbos, soras y lucanas), que habrían ido sometiendo a pueblos de habla aimara, entre ellos a los de la «nación quechua», de la cuenca alta del río Pampas (Garcilaso, [1609]1943, pp. III, XII, 153), hasta poner en jaque al poder cuzqueño, que aún no había consolidado su dominio fuera de los contornos de su por entonces estrecho ámbito territorial. Las guerras expansivas iniciadas por Pachacutiy en dirección de lo que vendría a ser el Chinchaisuyo, tras su victoria sobre los chancas, quechuizados ya o en proceso de quechuización, pondrá a los cuzqueños en contacto ya no indirecto y esporádico con la nueva lengua sino intenso y sostenido. Recuérdese que el cantar atribuido a dicho soberano, luego de su victoria sobre el pueblo sora, había sido compuesto en lengua aimara, idioma hasta entonces oficial, pero que luego, con Tupac Inca Yupanqui en adelante, será reemplazado en su función de lengua de la administración del pujante imperio. De esta manera, los sucesores del inca conquistador, bilingües en principio, irán sustituyendo su lengua por el quechua, al que remodelarán de acuerdo con sus hábitos articulatorios propios del aimara materno (desde entonces el registro de glotalizadas y aspiradas del dialecto cuzqueño), para difundirlo después. Ahora bien, no debe sorprender que la hipótesis propuesta fuera cuestionada por algunos historiadores y arqueólogos (Zuidema, 1977, p. 48; Duviols, 1979, p. 371; Santillana, 2002), para quienes el modelo de difusión esbozado, al apoyarse en mitos «disfrazados de historia», carentes de respaldo de carácter material que los avale, no pasaría de una pura conjetura académica, desprovista de todo realismo empírico. Sin embargo, por lo que respecta al aspecto lingüístico del fenómeno, por un lado, la evidencia incontrovertible del origen marítimo del quechua sureño está allí; por el otro, las referencias documentales respecto a la penetración de chinchas y chancas en territorio cuzqueño y altiplánico deben tener algún fondo de verdad en espera de confirmación. Por lo demás, la ausencia de evidencias materiales que respalden dicha correlación no se debería tanto a que ellas no existan sino a que no han sido buscadas afanosamente por los arqueólogos, interesados como están en el descubrimiento de restos monumentales más impactantes. A MODO DE CONCLUSIÓN 107

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