Las secciones precedentes constituyen un esfuerzo por tratar de integrar los aportes de la lingüística dentro de la reflexión general sobre el pasado prehistórico andino hasta ahora enfocado mayormente a partir de la historia y la arqueología, no obstante invocarse el trabajo interdisciplinario. Como hemos tratado de señalarlo, es precisamente dicha práctica la responsable directa de que persistan aún, en tales estudios, una serie de preconcepciones relativas a las lenguas y a los pueblos del área andina. Apoyados en los trabajos de lingüística histórica recientes, por un lado, y en el examen de la documentación colonial disponible, por el otro, hemos procurado ofrecer un modelo de interpretación del pasado incaico, particularmente en lo concerniente a la historia idiomática de los gobernantes cuzqueños desde sus ancestros hasta sus descendientes históricos. Según la hipótesis adelantada, los incas habrían pasado por tres experiencias idiomáticas sucesivas: hablantes del puquina en su etapa ancestral, habrían devenido en usuarios del aimara durante el periodo llamado mítico, para terminar en tiempos históricos como parlantes del quechua. Particularmente decisiva a favor de dicha propuesta ha sido, gracias a la evidencia onomástica aportada, la identificación del puquina como el «lenguaje secreto» de que nos hablan las fuentes coloniales. Por lo que respecta a la contextualización arqueológica ofrecida, creemos que hay razones de orden espacial y cronológico que inducen a postular las mudanzas idiomáticas sostenidas teniendo como marco general los acontecimientos sociopolíticos y culturales ocurridos en los periodos del Intermedio Tardío y del Horizonte Inca. Por lo demás, somos conscientes de que las correlaciones propuestas, tratándose de la prehistoria andina, dejan en pie una serie de problemas no resueltos, entre otras razones, por el hecho de que es difícil, si no imposible, armonizar la evidencia material develada por los arqueólogos con los datos obtenidos por los lingüistas. En tal sentido, sobra decir que este aspecto del trabajo, de naturaleza inevitablemente polémica, debe tomarse como una sugerencia antes que como un planteamiento definitivo. Mientras tanto esperemos que nuestro reclamo a favor de la inclusión de la lingüística como disciplina obligada en la reflexión sobre la prehistoria andina sea tomado en cuenta de una vez por todas. REFERENCIAS 108
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