El aimara como lengua de Huari Un asunto polémico sobre el cual no es fácil ponerse de acuerdo no solo entre los propios lingüistas sino, con mayor razón, entre estos y los arqueólogos es el relacionado con la posible lengua atribuible a la civilización huari. Ello no debe sorprender desde el momento en que las hipótesis postuladas al respecto no cuentan con evidencias directas e incontrovertibles correlacionables, sean estas de naturaleza lingüística, documental y menos aún material, en las que puedan sustentarse (Isbell, 1984, para una primera evaluación de ellas). De esta manera, a partir de la revolución lingüística operada en la década de 1960 en el campo andino, se han venido ensayando hasta dos hipótesis respecto de la posible lengua que habría servido de vehículo al Estado huari. Según la primera, esta habría sido la aimara (Torero, 1972, pp. 91-92; Hardman, 1985, p. 628), mientras que, de acuerdo con la segunda, dicha lengua habría sido la quechua (Bird, Browman & Durbin, 1984). Últimamente, el debate ha vuelto sobre el tapete y se ha reconsiderado la unidad política huari como lengua difusora del quechua (Heggarty & Beresford-Jones, 2011a, 2011b; Isbell, 2011), e incluso, más allá de una correlación lengua-sociedad unilingüe, como un una civilización bilingüe aimara-quechua (Adelaar, 2011). Por lo que respecta a nuestra posición, sin ánimos de entrar en el debate mencionado, nos volvemos a ratificar en la posición inicial que hemos venido sosteniendo (Cerrón-Palomino, 2000, cap. VII, § 3), siguiendo en parte la hipótesis postulada por Torero (2002, cap. 3, § 3.6.4, p. 127). Según ella, la rama sureña del protoaimara, procedente de la costa sureña y asentada en la región ayacuchana (correspondiente al periodo de «nasquización» de que nos hablan los arqueólogos), habría devenido en el vehículo de propagación del poderoso Estado huari, en pleno Horizonte Medio, que en su proyección hacia el sureste andino habría llegado hasta el Cuzco, de cuya presencia en la región serían testimonio inconfundible las imponentes ciudades de Piquillacta y Choquepuqio. Como resultado del control político y administrativo ejercido por la sociedad huari, el territorio cuzqueño habría terminado aimarizándose y borrando del mapa todo rastro de las lenguas locales que se hablarían previamente en la región. Luego del colapso de Huari, ocurrido por la misma época en que se desintegra Tiahuanaco (ca. 1100 d.C.), se producen grandes movimientos de pueblos, empujados por los drásticos cambios climáticos que afectan 105
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