nos ayuda a trazar el área cubierta por la lengua en su etapa de mayor difusión como vehículo de la civilización megalítica9. Así, pues, de acuerdo con el cuadro mito-histórico y lingüístico esbozado hasta aquí, ahora parece del todo coherente identificar a los ancestros incaicos como descendientes de los antiguos fundadores de Tiahuanaco. Nuestro próximo paso estará destinado a postular la contextualización sociocultural y cronológica de los acontecimientos delineados en las secciones precedentes. PERIODOS Y CONTACTOS IDIOMÁTICOS De acuerdo con lo señalado en las secciones precedentes, los incas y sus ancestros habrían experimentado tres procesos de sustitución idiomática: primeramente, los fundadores de la dinastía, procedentes del «lago de Poquina», tendrían naturalmente como lengua materna la de la región; luego, una vez establecidos en territorio cuzqueño, por entonces de habla aimara, sus descendientes míticos habrían devenido en hablantes de este idioma al cabo de un par de generaciones; y, finalmente, tras el triunfo obtenido sobre los chancas, los descendientes de Pachacutiy habrían optado por el quechua chinchano como lengua vehicular de sus futuras conquistas. En las secciones que restan intentaremos ofrecer la cronología de tales acontecimientos, en parte sugerida ya por la evidencia documental y lingüística presentada, esta vez recurriendo a informaciones disponibles provenientes de la arqueología. Nuestra discusión seguirá en este punto el orden de los procesos de sustitución idiomática anunciados tratando de asociarlos con otros tantos eventos sociopolíticos y culturales ocurridos en el Intermedio Tardío. La diáspora puquina Los estudiosos de la gran civilización lacustre concuerdan en señalar que el colapso del imperio habría ocurrido hacia finales del siglo X, del periodo Intermedio Tardío, lo que acarreó su desintegración, tal vez seguida de migraciones hacia la periferia del antiguo Estado (Pärssinen, 2005, pp. II, 100). Postulamos que una de tales migraciones habría sido la de los ancestros de los incas liderados por sus jefes (en quienes recaían los apelativos de <manco>, <capac> e <iqui>), presionados por la gran sequía que asolaba la región, en busca de mejores tierras que aseguraran su sobrevivencia. La lengua materna de tales migrantes, de las dos que se hablaban en la región lacustre —la puquina y la uro— debió ser una 103
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