El aprendizaje de la libertad

medio de navegación, atravesando rutas complicadas como la del cabo de Hornos, para pasar del océano Pacífico hacia el Atlántico. La suma de todos los costos resultaba en unas seis libras esterlinas, que contra un precio de venta que de ordinario no bajaba de las doce libras, dejaban una suculenta tasa de ganancia del cien por ciento o más. De hecho, aunque desde varias décadas atrás eran conocidas las virtudes fertilizantes del guano, los elevados costos de transporte hasta Europa habían vuelto a todos escépticos de hacer costeable el transporte de una sustancia pesada, voluminosa y maloliente como el excremento de los pájaros. Si hasta sustancias más apreciadas como el café, el tabaco o el cacao no conseguían costear su viaje desde la costa del Pacífico hasta Europa, menos capaz parecía de ello el humilde guano. Pero en economía todo es cuestión de números. No se había estimado todavía cuán poderoso era el efecto del fertilizante peruano para el acrecimiento de la cosechas. Cuando las cifras estuvieron puestas sobre la mesa, los comerciantes europeos corrieron a llenar sus barcos de guano. Para el Perú fue como si de repente un día un mendigo ganase la lotería. Como sabemos quienes vivimos en este antiguo país de los incas, la costa peruana tiene un clima peculiar: aunque está cerca de la línea ecuatorial, el mar es frío por causa de la corriente de Humboldt proveniente de la Antártida, que provocan en la costa un clima moderadamente cálido. La combinación de mar frío y costa tibia crea un entorno climático único en el mundo, que favorece la multiplicación de las aves marinas. En el siglo XIX se calculaba que unos cuarenta millones de estas habitaban el litoral peruano (hoy, en los inicios del siglo XXI, se estiman solo en unos cinco millones). El mar frío era rico en peces como la anchoveta, alimento favorito de los piqueros, pelícanos y guanayes, mientras que el clima amable en un entorno desértico, como el de la costa, favorecía su reproducción en todas las islas y penínsulas deshabitadas del litoral. Hay que tomar en cuenta que hacia 1850 toda la costa peruana reunía solamente a medio millón de personas. Parajes como Guañape, Asia, Chincha y San Juan de Marcona tenían escasa presencia del hombre y funcionaban como inmensas colonias de aves guaneras. Durante siglos, o milenios, la ausencia de lluvias en la costa hizo que los excrementos de las aves se acumulasen a manera de pequeños cerros por su tamaño. No había más que limpiarlos un poco de las plumas y huesos de aves que se entremezclaban con el producto, para lo que se recurría a una especie de mallas sobre las que se colaba el excremento recogido, 98

RkJQdWJsaXNoZXIy MjgwMjMx