El aprendizaje de la libertad

convertido en una especie de polvo fino y levemente húmedo por la brisa del mar. En las islas se construyeron pequeños embarcaderos para facilitar la estiba del guano, y unas estructuras de madera y hierro que, a manera de toboganes o ductos, servían para que el guano se deslizase hasta los botes o las bodegas de los navíos. Al resto de la humanidad le costó aceptar que no hubiese guano en otras partes del mundo. Decenas de exploradores, sobre todo norteamericanos, surcaban los mares a la altura de la latitud de la costa peruana, buscando dar con bancos de guano que permitieran contar con varios puntos de aprovisionamiento y evitaran el monopolio de parte de una república cuya capacidad para organizar el suministro de un producto tan importante no resultaba muy bien acreditada. Durante la década de 1840 algunos hallazgos, que al final resultaron más bien modestos, mantuvieron el precio del guano muy fluctuante. En cualquier caso, Gran Bretaña no secundó la propuesta de los Estados Unidos de que las islas guaneras fuesen consideradas patrimonio de la humanidad y no de la nación frente a la que, circunstancialmente, se encontraban. Según la política británica, había que aguardar a ver si el Perú se mostraba capaz de administrar la extracción y venta del fertilizante, para lo cual los hombres de negocios británicos estaban prestos a colaborar. 99

RkJQdWJsaXNoZXIy MjgwMjMx