monedas aceptadas en el comercio mundial) por su peso y ley en el metal argénteo. Varios años seguidos de déficit en la balanza comercial dejaban a la economía escasa de monedas, con la consiguiente caída de los precios, disminución del comercio y desaliento para los productores. Siendo el Perú un país productor de plata, esta era la paradoja del cuchillo de palo en casa del herrero, pero que se explicaba porque la economía interna era incapaz de retener la plata producida en las minas por la falta de producción de bienes locales que pudieran cambiarse contra dicha plata. La crisis de la producción comercial, ejemplificada básicamente por la producción de plata, tuvo su correlato positivo en la relativa bonanza de la economía de autosubsistencia. Esta era la economía de los campesinos que no pasaba por el mercado, o que, en todo caso, no quedaba registrada por el sistema fiscal o contable de la nación. Se trataba fundamentalmente de producción agropecuaria (tubérculos como las papas y los ollucos, cereales como el maíz y la quinua, y animales como las ovejas, llamas y cuyes); pero también de bebidas como la chicha, de manufactura textil, artesanal (calzado y sombreros para los campesinos o arreglo de herramientas, por ejemplo) y de construcción. La crisis de la producción de plata y la expulsión de los españoles disminuyó la presión que los empresarios mineros y agrarios aplicaban sobre la economía de subsistencia, a la que sustraían mano de obra y recursos como tierras y agua. Así, la economía de subsistencia pudo robustecerse y la población indígena crecer. Por ejemplo, las minas de mercurio de Santa Bárbara en Huancavelica fueron abandonadas por los españoles en 1812, con la abolición de la mita y la instauración de la política española de abastecer a los productores de plata peruanos con el mercurio de Almadén (una mina española, que disfrutaba por entonces de un impresionante auge). Los trabajadores indígenas se adueñaron entonces de Santa Bárbara y continuaron produciendo mercurio durante las siguientes décadas. Aprovecharon los hornos que abandonaron los españoles y construyeron otros nuevos, más pequeños pero más económicos, porque como combustible aprovechaban el estiércol de los animales de la puna. El mercurio producido por los así llamados «humaches» (o «humachis») fue crucial para los mineros de Pasco durante las largas temporadas entre 1821 y 1850, cuando la interrupción y los vaivenes del comercio con España volvieron escaso el mercurio de Almadén. Incluso cuando desde 1850 se puso en marcha la producción de las minas de «Nuevo Almadén» de California, los mineros indios de Huancavelica continuaron su producción y trasladaron el azogue 87
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