El aprendizaje de la libertad

bastaba acudir a la caja real para surtirse de mercurio y ferretería relativamente baratos y con seis meses de crédito. Lo peor era que, como se quejaban los mineros, los ingredientes podían llegar a faltar totalmente en ciertas épocas, y en consecuencia, los mineros no podían cumplir sus compromisos con los comerciantes que los habían habilitado. El incumplimiento los desacreditaba; los caudales de los comerciantes se alejaban de los asientos mineros y un círculo vicioso de atraso y decadencia pasó a dominar las plazas mineras a lo largo del siglo. La mita o trabajo rotativo forzado de los indios había sido suprimida por las Cortes de Cádiz en 1812. El efecto de esta medida no fue tan traumático en la minería peruana (como en la altoperuana), por el hecho de que las principales minas de plata del Bajo Perú, como las de Pasco, Yauli, Quiruvilca, Pallasca y Hualgayoc nunca habían tenido derecho a mitayos. De todos modos, la supresión tuvo un fuerte efecto político, en el sentido de anunciar que el Estado no consideraría en adelante justo imponer a los indios la obligación de trabajar para el beneficio privado de otros, incluso si dicho trabajo era (como en el caso de la mita) remunerado con salarios acordes con los montos acostumbrados en la época (véase el siguiente recuadro). El trabajo minero en el siglo XIX «Los operarios entran a las minas por puntas [pelotones] y están diez a doce horas, los unos bombeando [agua], y los otros extrayendo el metal y cargando a la acomodana o lugar de depósito que está más cerca a la salida; descansan estos en el interior tres veces durante media hora, y es lo que llaman acullico (tiempo que emplean para mascar su coca). Cuando la mina tiene buenos metales, trabajan a partido, es decir que se les da la mitad del metal que sacan a la superficie; cuando no, se les paga de cuatro a seis reales por su jornal, además de la coca, y velas que se les da. La costumbre de darles metal, es causa que no haya minas bien trabajadas, y que no subsistan estribos ni puentes por que el operario no calcula el daño, y así es que los derrumbos que se experimentan diariamente en estas minas es una consecuencia de este abuso. Se dice que Vivas y Luna [empresarios mineros de las postrimerías de la época española] la introdujeron por falta de capitales para seguir las explotaciones; y no hay duda que es sumamente ventajoso para las personas que quieren de un golpe hacer fortuna y retirarse de este oficio, dejando imposibilitada la mina para siempre, pero el gobierno debe velar y no consentir el que se destruyan los manantiales de riqueza tan esenciales a la prosperidad de la nación. […] La extracción de metales se hace por muchachos que llaman apires, los que ganan dos o tres reales al día o también se les paga en metal, que es lo más común; esta extracción es la más penosa por no estar las lumbreras bien construidas, pues 82

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