El aprendizaje de la libertad

El nuevo Estado optó, al comienzo, por tratar a la minería como a cualquier otro sector de la economía. No habría para ella más subsidios ni organizaciones estatales a su servicio, como en el tiempo de los virreyes. Si los mineros querían crédito, debían procurarlo con los comerciantes que disponían de caudales; si necesitaban insumos, ahí estaba (debía estar) el mercado donde comprarlos; si requerían trabajadores, debían atraerlos con buenos salarios y alentadoras perspectivas. ¿No enseñaba eso la naciente ciencia de la economía política que difundían ingleses y franceses en la primera mitad del siglo XIX? La experiencia de la minería peruana en el siglo mostraría, empero, que la transición de una economía dirigida, protegida o «mercantilista», a una economía liberal es ciertamente compleja, y peor aun cuando ocurre en un escenario de decadencia del comercio y aislamiento de los mercados. Los empresarios mineros obtenían su capital de los comerciantes. Como los caudales escasearon durante la postindependencia, por la incertidumbre política y la crisis del comercio desatada por la ruina de los antiguos circuitos del intercambio intercolonial, las tasas de los préstamos se encarecieron, lo cual desalentó la actividad minera. Los antiguos comerciantes españoles se comprometían más con las operaciones de sus «aviados» (avío era el nombre que se daba a las operaciones de préstamos de los comerciantes a los empresarios, pero que a diferencia de un crédito corriente, implicaba una cierta tutoría financiera y técnica del prestamista sobre el empresario, al punto que lo normal no era la entrega de dinero al empresario, sino más bien el suministro de insumos y alimentos) que los nuevos comerciantes ingleses que los reemplazaron. Estos apenas salían del puerto en el que se instalaban, y no prestaban dinero; simplemente compraban de contado las materias primas o mercancías que iban a exportar, como plata, lanas o cascarilla. La falta de capital de trabajo fue, pues, un problema serio para la recuperación de la minería tras la crisis de las guerras de independencia. La compra de los insumos y la consecución de la mano de obra no fueron problemas menores. Los insumos principales eran las herramientas de fierro y el mercurio utilizado para la refinación. Ambos habían sido provistos al crédito en los almacenes estatales de la corona española. Ahora había que comprarlos al comerciante privado. Dados los riesgos que tenía este comercio en medio de un país convulsionado, no debe sorprender que los precios subieran hasta el punto que los mineros suspirasen con nostalgia cuando recordaban los tiempos felices en que 81

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