El aprendizaje de la libertad

nuevos inmigrantes. Pero esto no sucedió: los inmigrantes europeos llegaron por cuentagotas y se dedicaron, sobre todo, al así llamado «alto comercio» (comercio de importación, no de arriero, buhonero o minorista en un puesto en el mercado), y si bien hubo expropiaciones a los españoles considerados defensores del rey o, en cualquier caso, no lo suficientemente patriotas como para respetar sus bienes, estas no se repartieron entre varios beneficiarios, sino que quedaron en manos de los generales de Ayacucho o sus allegados. Una clase terrateniente cambió simplemente de nombre y eventualmente, su rostro peninsular por uno mestizo. Incluso la concentración en la propiedad de la tierra pudo haber aumentado en algunos casos, como cuando se expropió tierras y casas a las órdenes religiosas, para ser entregadas a familias criollas de generales de la independencia. Se suponía que la orden religiosa utilizaba la tierra para un fin social, a diferencia de la familia laica, que procuraba solo un beneficio privado. La agricultura sufrió, además, por la pérdida del antiguo mercado colonial. Hemos señalado antes cómo el aguardiente y las frutas de Arequipa y Moquegua llegaban al Alto Perú, y las menestras de los valles de la costa norte penetraban en la costa de Nueva Granada, y alcanzaban incluso a Centroamérica y el puerto de Acapulco, en México. Esto terminó en la década de 1820. Una vez que cada antigua circunscripción colonial se convirtió en un nuevo país surgieron nuevas barreras para el comercio: distintas leyes, distintas monedas, prohibiciones, impuestos de aduana, etcétera. Algunos de los antiguos mercados peruanos pasaron a tener nuevos proveedores, como los Estados Unidos o el Brasil, que antes habían estado excluidos del comercio hispanoamericano. A la agricultura le costó rehacerse de la conmoción de la independencia. Ello supuso resolver el problema de la mano de obra y reemplazar el decadente sistema esclavista por uno más rendidor, y conquistar nuevos mercados que compensasen los perdidos. Esto se conseguiría recién en la segunda mitad del siglo XIX, de modo que hasta entonces al sector no le quedó más que un largo caminar por el fondo del pozo (véase el siguiente recuadro). La escasez de moneda y el comercio en el interior del Perú Descripción del distrito de Tarapoto hacia 1850, por el marino norteamericano Lewis Herndon: 79

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