decadencia, el Perú exporta aún azúcar, arroz y aguardiente de vino; todos estos géneros de excelente calidad. Manda a Chile los dos primeros, recibiendo a cambio trigo, cebada y madera; y todos estos tres a Guayaquil, cambiándolos por madera, cacao, sombreros de paja, soda y tabaco. Tiene mucho salitre, sin embargo es de fácil explotación y de tan mala calidad que después de refinado en Europa queda reducido a la cuarta parte de su volumen, operación que no puede ser hecha aquí por falta de leña; abunda también la sal mineral, que vende a sus vecinos. Produce algodón, pero es de inferior calidad, […]; al lado del río Huallaga crece el café, que puede rivalizar con el de Moka; sin embargo, no se hace uso de él en el país, y la conducción a los puertos de mar es tan dispendiosa que torna la exportación imposible. De todos los productos agrícolas ninguno es tan lucrativo al propietario como el aguardiente hecho de uva. La industria corre a la par de la agricultura: de la preciosa filigrana y tapicería que otrora se trabajaba en Cusco y Puno, se hacen allí hoy solo muestras imperfectas. Con abundante y famosa lana, solo hay en el primero una fábrica de paño de lana y paño grueso, y poseyendo excelente lana de vicuña, solamente en el segundo hacen de ella malos sombreros. La fábrica de la pólvora en Lima es la única que merece ese nombre. La abundancia de ricos metales no contribuye poco para la falta de agricultura e industria: ninguna empresa promete tanto como las minas, y quien tiene algún capital disponible le da este destino con preferencia a otro. La extraordinaria y rápida fortuna de algunos mineros fascina al emprendedor y no le deja ver la miseria en que vive la mayor parte: consumiendo el primer capital sin resultado efectivo, forzoso es contraer deudas para continuar los trabajos; y si sobreviene el grande y muy común inconveniente de inundarse la mina, la ruina de estos mineros es cierta. En ese estado están casi todas las minas del Cerro de Pasco. […]». Juan Luis Orrego (2006, pp. 1035-1937). No existían medios de transporte rápidos y baratos que permitiesen una migración de ida y vuelta a lo largo del año, de modo que la mano de obra indígena no era una opción viable en esos tiempos para la agricultura. Los esclavos africanos eran entonces la mano de obra principal y casi la única posible en la agricultura de la costa. Pero para desgracia de los terratenientes habían subido de precio a raíz de la persecución que hacía Gran Bretaña del «infamante tráfico» negrero y era muy difícil, así, poder comprar nuevos trabajadores, además de que la falta de bancos volvía insoluble la carencia de crédito para estas adquisiciones. El tabú del trabajo de los hombres blancos en la agricultura podría haberse cancelado si la independencia hubiese supuesto una gran repoblación del país; por ejemplo: un aluvión de inmigrantes europeos a los que no hubiese quedado más opción que trabajar con sus propias manos, junto con un proceso de expropiación de las tierras a la antigua clase propietaria y su entrega a los 78
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