del país, que las aplicadas por el imperio español, las que, según dicha ideología, buscaban el beneficio de la península a costa del bienestar de sus colonias. Las nuevas leyes deberían haber facilitado la llegada, tanto de inmigrantes como de capitales frescos de otras naciones europeas, que apuntalarían el crecimiento de la economía al modernizar su producción y su consumo. Sin embargo, nada de esto ocurrió. En vez de leyes que abriesen la economía a este influjo, sobrevinieron las guerras por el poder de las que hemos hablado en el punto anterior. El desorden político, junto con la falta de infraestructura para el comercio y la carencia de recursos naturales libres para ser explotados, desanimó la llegada de capitales y de inmigrantes, de manera que el desarrollo de la economía no se vio facilitado, como en los Estados Unidos, por la vía del aporte europeo de recursos financieros y humanos. La agricultura del azúcar y el algodón en la costa, junto con la del tabaco y la cascarilla en el interior, fueron los sectores de la producción que mejor lograron sortear los trastornos obligados de la transición de la independencia. Su problema mayor era la falta de mano de obra. Por motivos sociales, en el Perú los blancos no trabajaban como peones. Los mestizos procuraban imitarlos en la medida de sus posibilidades, por lo que también se mostraban reacios a desenvolverse como gañanes en el campo. Preferían el camino, más lucrativo, de la vida militar, o algún puesto público. Quedaban como alternativa los indios y los negros. Los primeros disponían todavía de tierras y pastos suficientes como para sostener una economía autónoma de pequeños productores agropecuarios. Evitaban contratarse con los hacendados blancos, temerosos de que les dieran gato por liebre en estas transacciones. El dinero tampoco era un incentivo fuerte para ellos, puesto que su consumo de bienes mercantiles (es decir, aquellos que no podían producir dentro de su esfera campesina) era limitado a pocas cosas, como algunos instrumentos de fierro (picos, palas, clavos, estacas, peroles), el añil para teñir sus ropas y la pólvora y el aguardiente para sus fiestas. Además, los indios estaban concentrados en la sierra, mientras la agricultura comercial discurría sobre todo en la costa (véase el siguiente recuadro). Un retrato del Perú de la postindependencia Da Ponte Ribeiro (nacido en Portugal en 1795 y llegado a Río de Janeiro como parte de la corte imperial portuguesa en 1808) fue un médico y diplomático brasileño que residió en el Perú entre 1829-1832 y 1836-1841. 76
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