El aprendizaje de la libertad

con la creación de tres Estados; Nor Peruano, Sur Peruano y Bolivia, bajo la égida de Santa Cruz con el título de Protector. En 1837 el gobierno de Santa Cruz firmó un Tratado de Amistad, Comercio y Navegación con Gran Bretaña, similar al que habían suscrito Brasil y Argentina y que hacía presagiar un significativo aumento del flujo financiero y de comercio con la que era la primera economía del mundo de ese momento. Pero la élite del norte, opuesta a la confederación y enarbolando la bandera del nacionalismo, consiguió el apoyo de Chile, para desbaratar el proyecto. Su nacionalismo implicaba algo así como ¡Chile sí, Bolivia no! En cualquier caso, la guerra civil se internacionalizó. En Chile se armó un ejército contra la confederación, comandado por el general Manuel Bulnes, en el que se enlistaron importantes caudillos peruanos como Agustín Gamarra y Ramón Castilla, quienes se hallaban convencidos de que iban a luchar por la restauración de la independencia del Perú. El ejército restaurador tuvo un primer revés en Paucarpata, Arequipa, en 1837, pero se impuso en la batalla final, dos años después, en Yungay. Lima y el norte, con el apoyo de Chile, habían logrado imponerse sobre el sur, aliado a Bolivia. Después de la derrota de Santa Cruz, este desapareció del escenario político y marchó hacia un voluntario destierro en Europa. Gamarra fue quien mejor capitalizó políticamente el triunfo de Yungay, pues reasumió la presidencia de la república (era su segundo mandato, después del de 1829-1833). Había nacido en 1785 en el Cusco, como hijo de un amanuense español y una indígena cuzqueña. Tuvo la educación que se brindaba a quienes iban a seguir la vida religiosa, pero conseguida su emancipación, optó por otro uniforme y entró al ejército de Goyeneche, que tanto destacara en sus triunfos contra los patriotas en el Alto Perú. Participó con denuedo en la represión de la rebelión de los hermanos Angulo y el cacique Pumacahua en el Cusco y, después de la victoria realista de Umachiri, alcanzó el grado de coronel. Pero a partir de entonces su celo fidelista comenzó a flaquear. Se le acusó de demasiado condescendiente con los rebeldes y fue trasladado a Lima, donde su carrera militar pareció estancarse. En 1821 Gamarra se presentó en el cuartel general de San Martín y pasó a las filas del partido de la independencia. Su carrera cobró entonces un nuevo impulso; participó de la victoria de Ayacucho, alcanzó el grado de general de división y más tarde, el de mariscal. Su éxito político posterior tuvo mucho que ver con el apoyo de su esposa Francisca Zubiaga, apodada 71

RkJQdWJsaXNoZXIy MjgwMjMx