La Mariscala, quien urdía intrigas y pactaba alianzas en beneficio del caudillo, y no dudaba en montar a caballo en las campañas militares de su marido. Gamarra fue el caudillo militar conservador y autoritario, emblemático de la era de la postindependencia en toda América Latina. Su poco respeto por las leyes fue puesto en evidencia en la célebre intervención del clérigo y diputado tacneño Francisco de Paula González Vigil en la legislatura de 1832, cuando denunció la serie de infracciones cometidas contra la Constitución por el Poder Ejecutivo dirigido por el caudillo cuzqueño: «[…] me apresuro a emitir mi opinión en la tribuna, para que sepa mi patria, y para que sepan también todos los pueblos libres, que cuando se trató de acusar al Ejecutivo por haber infringido la Constitución, el diputado Vigil dijo ¡Yo debo acusar! ¡Yo acuso!». Desbaratada la Confederación y designado nuevamente Gamarra como presidente, este hizo anular el Tratado con Gran Bretaña y sacó a luz una nueva Constitución en 1839, redactada y promulgada en la ciudad de Huancayo. Esta fue de corte bastante autoritario, sobre todo si se la comparaba con las anteriores de 1823, 1828 y 1834, que habían procurado, aunque sea en el campo de lo declarativo, sintonizar con la corriente del liberalismo. La Constitución de Huancayo suprimió las municipalidades, que era el único atisbo de poder local que había subsistido tras la independencia; prolongó hasta los seis años el mandato de los presidentes y fijó en cuarenta años la edad mínima para ser senador y candidato a la presidencia, lo que pareció una edad bastante elevada para la realidad de entonces. A fin de prevenir tentativas similares a la fenecida confederación, la nueva Constitución prohibió que el Estado peruano pudiese celebrar pactos internacionales que llevasen al ingreso de tropas extranjeras al territorio nacional. En 1840 se realizaron nuevas elecciones, que ganó Gamarra, naturalmente. Al año siguiente el presidente decidió la invasión de Bolivia, pues juzgó que la ocasión era propicia para que el Perú anexase sin condiciones el antiguo Alto Perú, aunque la razón que esgrimió fue un pedido de ayuda realizado por el presidente boliviano Ballivián. El ejército peruano fue derrotado y Gamarra muerto en la batalla de Ingavi, el 18 de noviembre de 1841. El ejército de Ballivián invadió luego el sur peruano, tomando Puno, Moquegua, Tacna y Arica, hasta que una contraofensiva peruana al mando del general Manuel de Mendiburu, con el apoyo de montoneros locales, logró hacer retroceder a las tropas bolivianas. En Puno 72
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