El aprendizaje de la libertad

Cruz procuró el mismo proyecto pero desde el lado boliviano y haciendo al Perú la importante concesión de que la capital de la nueva república confederada (la confederación era una figura política mediante la cual se unían dos o más repúblicas, pero manteniendo estas un alto grado de autonomía, mayor incluso que las que tenían los Estados dentro una federación) sería Lima. La propuesta de Santa Cruz (1835) encontró apoyo en el sur peruano, pero generó poco entusiasmo en Lima y el norte, donde se comenzó a lanzar el rumor de que de concretarse esta, el Perú sería conquistado por el caudillo boliviano, a quien se referían despectivamente como a un mestizo ignorante o, incluso peor, como a un indio arribista y resentido. Son muy expresivas en este sentido las sátiras que escribió Felipe Pardo y Aliaga contra Santa Cruz, que hicieron manifiesto el racismo que la élite limeña tenía contra los indios y las élites mestizas del interior. Aunque por ahora Santa Cruz ofrecía a Lima la capitalidad de la nueva entidad política, el eje demográfico del nuevo país se desplazaría hacia el sur y una alianza de Arequipa y Cusco con La Paz podía desplazar a Lima del centro político. Santa Cruz proclamaba ideas liberales en materia de comercio exterior, con lo cual sintonizaba con la postura liderada por Gran Bretaña de abatir las prohibiciones comerciales que habían hecho de las aduanas escollos antes que puentes para el comercio entre los pueblos. Los comerciantes del Callao vieron con recelo esta política, puesto que podía traer abajo la complementación entre las economías de la costa peruana y de Chile, de la que ellos eran los principales beneficiarios. Por lo mismo, el gobierno chileno tampoco vio con buenos ojos la confederación. La política de Santa Cruz les parecía impredecible, al tiempo que la unión de Perú y Bolivia resultaba una amenaza geopolítica para su pequeña república, que quedaría aislada entre los gigantes de Argentina y la gran confederación andina. La falta de unidad en torno al proyecto de la confederación abrió las puertas a una guerra civil, en la se enfrentaron los dos Perú que bosquejamos antes. El año 1835 fue de una tremenda anarquía. El presidente oficial (hasta donde esta expresión pudiera tener sentido entonces) era el general Orbegoso, pero otros dos caudillos: el general Felipe Santiago Salaverry y su colega Agustín Gamarra, cada uno por su lado, se habían insurreccionado y proclamado paralelamente presidentes, bajo el título de Jefe Supremo de la Nación, Protector del Perú o un título similar, que iba cambiando al calor de las circunstancias. Santa Cruz 69

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