después, a lo largo del siglo XIX predominó en el Perú un tipo de política que aunque, formalmente, excluía de los puestos de gobierno a los indios, obligaba a los gobernantes a negociar con ellos como una condición para el éxito. Ningún caudillo podía triunfar sin el apoyo de los campesinos. Estos no solo suministraban bastimentos, animales de carga y forraje a las fuerzas militares y nutrían las filas de la infantería, sino que también hostilizaban con acciones de guerrillas a las fuerzas enemigas y daban noticias de sus desplazamientos. LA DEFINICIÓN DE LAS FRONTERAS TERRITORIALES El periodo de la postindependencia fue también una época en que la identidad territorial del Perú se fue definiendo. Al concluir la era española, las fronteras del virreinato del Perú no eran claras, por lo que la aplicación del principio del uti possidetis, que implicaba que cada país conservaría los linderos que su circunscripción tenía en 1810, enfrentaba diversos problemas, derivados de qué circunscripción (la política, la militar o la eclesiástica) era la que debía tomarse en cuenta, o del hecho que las fronteras indicadas en los documentos coloniales no eran precisas, se sobreponían u omitían diversos accidentes naturales de territorios que nunca habían sido explorados. El territorio del virreinato peruano había sufrido en el siglo XVIII las amputaciones que significaron las creaciones de los virreinatos de Nueva Granada y del Río de la Plata. El primero se había constituido en el norte, sobre la base de los territorios orientados hacia el mar del Caribe, teniendo como región de frontera con el Perú, a la Audiencia de Quito (hoy Ecuador). El segundo se constituyó en el sur, sobre los territorios orientados al Atlántico sur, donde el puerto de Buenos Aires había alcanzado una consolidación importante. Su región limítrofe con el Perú era, en este caso, la Audiencia de Charcas (hoy Bolivia). El desasimiento de estas regiones de frontera de su antigua dependencia con Lima fue, desde luego, gradual y pasó por algunas marchas y contramarchas. El puerto de Guayaquil, en el norte, como la intendencia de Puno, en el sur, fueron, por ejemplo, motivo de discusión entre las autoridades coloniales, acerca de si resultaban mejor gobernadas desde Lima o desde las nuevas capitales virreinales, establecidas en Santa Fe de Bogotá y Buenos Aires, respectivamente. Las campañas de la guerra de independencia añadieron nuevos elementos a la demarcación territorial que finalmente habrían de cobrar las repúblicas 65
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