Las clases media y baja del Cusco son, en la actualidad, una raza industriosa y talentosa, especialmente famosa por su habilidad para el tallado y la carpintería. Algunos de los sofás, gabinetes y mesas ricamente tallados y hechos con las hermosas maderas de la Montaña, no son sobrepasados en diseño y calidad de trabajo por los muebles de los talleres de Londres y París. En las cercanías se teje una considerable cantidad de telas rústicas, y se realiza un intenso comercio de cacao, goma de la India y otros artículos de los bosques adyacentes». Clements Markham (2001[1856], pp. 150-153). Si algún ganador hubo socialmente del proceso de la independencia este fue la clase mestiza. Con la independencia esta consiguió quebrar el monopolio que los blancos habían tenido sobre los altos cargos de gobierno y los puestos más elevados de la jerarquía militar. Si los criollos se animaron a abrazar la independencia con el objetivo de ocupar el lugar que dejarían los peninsulares, quizá no previeron que desde abajo les saldría esta competencia. El soldado mestizo que en virtud de su arrojo, su suerte en las batallas y su malicia para la política iba escalando posiciones hasta llegar al grado de coronel o general y, por último, a la presidencia de la república, fue el espectáculo que graficó mejor las consecuencias sociales de la independencia. La mayor parte de los presidentes de la república de la postindependencia fueron indudables mestizos, como Agustín Gamarra, Ramón Castilla o Miguel de San Román, todos los cuales habían hecho su carrera política como oficiales del ejército; primero dentro de las filas realistas, y luego dentro del partido de la independencia. Cuando Luis José de Orbegoso tomó la presidencia en 1833, el cónsul francés en Lima, Alexander de Botmiliau reseñó que hasta ese momento los presidentes de la república del Perú «no pertenecían siquiera a la raza blanca». 55
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