El aprendizaje de la libertad

Estampa de un anuncio limeño de juego de gallos. Acuarela de Mauricio Rugendas (1840), en Rugendas (1975), en la que retrató una escena de Lima poco tiempo después de la independencia. También el rubro eclesiástico se vio penetrado por el ascenso mestizo. Si bien no llegaron a la dignidad de obispos (con lo cual la Iglesia se mostró más cerrada que el ejército al ascenso de los sectores no blancos), de las casullas doradas de los altares de las parroquias emergían ahora los cabellos hirsutos de los mestizos y zambaigos, tal como refirió el viajero Charles Wiener en su libro de viajes sobre Perú y Bolivia de la década de 1870. Si durante el largo periodo colonial hubo muy pocas figuras de mestizos descollantes (y la mayor parte de estos, como el caso del inca Garcilaso de la Vega, fueron «recuperados» posteriormente por una intelectualidad nacionalista), la república del siglo XIX verá el surgimiento de mestizos prominentes en todos los campos, incluyendo los de la jurisprudencia (José Choquehuanca, Simeón Tejeda), las artes plásticas (Gil de Castro, Pancho Fierro), las letras (Juan Bustamante, Fernando Casós, Ricardo Palma —quien patentó la frase de que en el Perú «el que 56

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