existía el poder moderador del rey de España, lo que la volvió más enconada e imprevisible. LA SOCIEDAD PERUANA EN EL INICIO DE LA REPÚBLICA Al comenzar la vida independiente el país estaba poco poblado. Cuando la mayoría de naciones europeas reunían poblaciones de diez a treinta millones de personas (en América, donde los territorios solían ser más grandes aunque también más secos, los Estados Unidos tenían diez millones en 1820; México, algo más de seis millones y Brasil, algo menos de cinco), en todo el Perú vivía aproximadamente un millón y medio de personas. El problema mayor para su administración e involucramiento en el sistema político era, sin embargo, su dispersión: ese millón y medio de personas estaba distribuido en miles de pequeños pueblos, comunidades y haciendas; cada uno contenía alrededor de un centenar de familias. Eran como pequeñas aldeas desperdigadas en medio de un espacio rugoso y difícil de comunicar. Los grandes conglomerados demográficos que eran las ciudades, apenas existían, como pequeñas islas en medio de un inmenso océano. Comparadas con las urbes europeas, dichas ciudades eran también pequeñas. Lima, que era la mayor, reunía unas cincuenta mil personas, la mayor parte de las cuales pertenecían a las razas blanca y negra (estos eran los sirvientes y esclavos de aquellos). En tamaño les seguían Arequipa y el Cusco, cuya población era aproximadamente la mitad que la de Lima, aunque al comenzar la república su población blanca era superior a la de esta). Estas ciudades, al igual que las de Piura, Trujillo, Cajamarca, Huánuco, Tarma, Jauja y Ayacucho, habían sido fundadas por los españoles en el siglo XVI (Ayacucho, fundada bajo el nombre de Huamanga, junto con el pueblo de Reyes —hoy Junín—, fueron las únicas ciudades a las que la república le cambió el nombre colonial por uno que evocaba las batallas finales por la independencia) y servían como sede de las élites regionales. En ellas habitaba el reducido porcentaje de población blanca de la nación, junto con sus criados negros (en la costa) o indios (en la sierra). En ellas vivían las autoridades civiles y religiosas, los grandes comerciantes y propietarios de tierras y los artesanos (hojalateros, herreros, carpinteros, aguateros, sastres, zapateros, talabarteros, sangradores, albéitares, amanuenses, etcétera) que los proveían de los servicios necesarios para la vida de aquel tiempo. 51
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