El aprendizaje de la libertad

universo político y legislativo, quizá porque, después de todo, participaban también en los mismos circuitos económicos y vivían en contacto unos con otros. […] No podemos descartar, por último, que la disolución de etnicidades planteada por el léxico y las prácticas del gobierno en Uchuraccay se nutriese en parte del liberalismo constitucional hispano que irrumpió con las Cortes de Cádiz entre 1810 y 1814. Uno de los planteamientos políticamente más revolucionarios de la Constitución de la Monarquía Española de 1812 fue la abolición de cabildos étnicamente separados y la perpetuidad de los cargos municipales, para dar paso al establecimiento de ayuntamientos constitucionales que, sin distinciones étnicas, debían crearse en cada pueblo de más de mil habitantes. Decíamos en un capítulo anterior que la Constitución de 1812 se conoció y divulgó en los diferentes pueblos del obispado de Huamanga. Y es también probable que los diversos decretos liberales de las Cortes de Cádiz (el parlamento español) que abolían el trabajo gratuito y servil de los indios se conocieran en Huamanga e inspiraran el mensaje social más potente de revolución de los diezmos, es decir, asegurar que los trabajadores de las haciendas de coca no quedaran impagos. El hecho de que un grupo campesino/indígena que profesaba un programa política liberal terminara aliándose con militares europeos de convicciones absolutistas complejiza el análisis del movimiento. Pero no debe empañar el significado social y político de la revolución de los diezmos, comandada por Huachaca, que al impedir el trabajo gratuito en las haciendas, concretizó derechos laborales largamente postergados en la mayor parte del país. Irónicamente, así, una rebelión monarquista con pretensiones restauracionistas terminó minando las bases del orden colonial de una manera que la propia república no lo hizo. Poca defensa había aquí del “antiguo régimen”; poco había del “monarquismo ingenuo” y mesianismo redentor (o de una supuesta ideología “conservadora” y “retrógrada”) que algunos han asociado con las simpatías monarquistas de los campesinos y poblaciones rurales, en general, en otros contextos. Tampoco había mucho del “odio étnico” (indios contra blancos) que algunos investigadores han esgrimido se escondía tras la defensa del rey durante las grandes rebeliones andinas anticoloniales del siglo XVIII». Cecilia Méndez (2014, pp. 291-293). Pero bajo el modelo de la república que se había impuesto políticamente tras la salida de San Martín, era claro que los indios perderían todas sus exenciones, a cambio de una igualdad republicana meramente teórica y en verdad desconocida. Puestos a hacer un balance del tiempo corrido hasta el final del siglo XIX, parecería que los indios tuvieron razón en su desconfianza hacia la república criolla. Una de las primeras medidas del gobierno de Bolívar (1823-1826) fue desconocer todos los cargos indígenas y declarar que solo se reconocería a las autoridades emanadas de la Constitución. Se restableció el pago de la contribución indígena que San Martín había 44

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