pena de ocultar su desagrado. Esto trajo después una serie de disposiciones tomadas por el Protector, que arruinaron a casi todos los españoles, y prácticamente fueros desterrados del país». Basil Hall (en Núñez, 1971-1976, vol. 1, pp. 251-252). Este descabezamiento de la élite social y económica no ocurrió en Chile o Brasil, países que sortearon más exitosamente la crisis de la independencia. Monteagudo moriría apuñalado unos años después en una calle limeña. El antihispanismo de Monteagudo contrastaba con la moderación política de San Martín, quien se había propuesto instaurar en el Perú un gobierno de tipo monárquico pero controlado por una constitución, como demandaban los liberales españoles. Pensaba el libertador argentino que la figura del rey podría aglutinar poblaciones de orígenes muy distintos y de niveles de vida harto desiguales. Pero su proyecto no cuajó. Una de sus medidas fue enviar una misión a Europa para gestionar un préstamo en Inglaterra que permitiese concluir la guerra de independencia, pero que también debía, discretamente, procurar un príncipe europeo, de preferencia católico, que pudiese ser coronado como monarca peruano. La falta de apoyo local impidió a San Martín derrotar al ejército del virrey. El país quedó dividido entre una zona liberada (básicamente la costa) y otra leal al imperio (básicamente la sierra). Cuando se cumplió un año de la toma de Lima y la proclamación de la independencia, el protector decidió viajar a Guayaquil, para entrevistarse con Simón Bolívar, cuyo ejército acababa de derrotar a los realistas en Pichincha, para liberar el virreinato de Nueva Granada. Estimó que con la ayuda del jefe caraqueño podrían derrotar a La Serna y finiquitar la liberación de todo el continente (en México los patriotas acababan de proclamar la independencia bajo el mando de Iturbide). Nadie sabe qué se acordó o se conversó en Guayaquil en julio de 1822; el hecho es que San Martín volvió al Perú y organizó elecciones para elegir un congreso, ante el cual renunció al mando que él mismo se había dado poco más de un año atrás. La historiografía ha interpretado que le quiso dejar el terreno libre a Bolívar, pero el hecho es que este no vino inmediatamente. Quizá su intención fue aguardar para ver si los peruanos eran capaces de liberarse por sí mismos. Lo que no ocurrió. El gobierno provisorio que nombró el Congreso manejó mal la campaña militar, al punto que las fuerzas de La Serna comenzaron a conquistar victorias y llegaron a retomar Lima por 38
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